Columna


¿Dolo o culpa?

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

21 de septiembre de 2021 12:00 AM

En materia penal no pueden existir teorías genéricas que simplemente se encajen como fichas prefabricadas. Para hacer un correcto análisis es necesario precisar cada uno de los hechos jurídicamente relevantes de un caso; una variante mínima puede generar un cambio en la tipificación de la conducta. Justamente eso sucede con el homicidio que se causa violando el deber objetivo de cuidado, es decir, de manera accidental.

Conducir en estado de alicoramiento constituye un acto imprudente. Si en ejercicio de esa actividad peligrosa se causa la muerte a otra persona estaríamos, en principio, ante el delito de homicidio culposo agravado. Es necesario precisar que la culpa puede ser inconsciente o consciente: en la primera el agente no prevé el resultado siendo previsible y en la segunda sí lo prevé, pero confía en poder evitarlo.

Por el contrario, el dolo se refiere a la conducta de quien conoce que su actuar constituye delito y quiere su realización. También existe dolo cuando se ha previsto el resultado y su producción se deja librada al azar. Este último es conocido como eventual.

La diferencia entre la culpa consciente y el dolo eventual se halla en la psiquis del autor, es decir, en determinar si se confía en evitar el resultado o lo deja librado al azar. ¿Una persona alicorada al volante confía en evitar el resultado previsible? La respuesta suele ser generalmente sencilla: desde el punto de vista psíquico, sí.

Ahora bien, la Corte Suprema de Justicia desarrolló una teoría mediante la cual las circunstancias que rodean el caso concreto permiten establecer si el resultado se pretendía evitar. Ellas podrían hacer más probable la producción del hecho, tales como la cantidad de licor ingerido, velocidad, estado de las vías, hora, entre otras. Con eso, la determinación sobre si estamos ante uno u otro caso se traslada del plano subjetivo hacia el objetivo, que no es una discusión insulsa, ya que la determinación exacta de la modalidad de la conducta tiene injerencia directa en el monto de la pena.

El giro jurisprudencial sobre considerar estos homicidios como una acción dolosa ha sido criticado por muchos juristas, por considerarse populista y dogmáticamente impreciso, pues se agrava indebidamente la sanción de los actos imprudentes, que siendo reprochables no llegan al grado de la acción deliberada, al punto que el exmagistrado Sigifredo Espinosa en el marco del salvamento de voto de la decisión aludida dijera: “Llegará el día, espero, en que reposados los ánimos y vistas las enormes consecuencias de lo que ahora se postula por mayoría, la Sala recoja su criterio para que las aguas retomen su cauce, pues... por mucho que se afine la retórica o se apele a teorías doctrinarias en ocasiones incompatibles entre sí, la culpa es culpa y el dolo es dolo”.

*Abogado.

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