Columna


¿Dónde quedaron los jóvenes?

JUAN SALVADOR VARGAS DÍAZ

08 de diciembre de 2021 12:00 AM

El domingo 5 de diciembre se vivió en Colombia una jornada que prometía ser histórica. Después de dos años de retrasos para llevar a cabo el proceso, se realizaron las elecciones de los Consejos Locales y Municipales de Juventud en todo el territorio nacional.

Para quienes participamos de procesos políticos en temas de juventudes, el domingo de la votación implicaba dos sensaciones contradictorias. Por un lado, la esperanza propia del demócrata; la idea de que ese día podría verse amplificada la voz de millones de jóvenes que desde hace tantos meses salen vehementemente a manifestar en las calles sus inquietudes legítimas sobre una sociedad que suele darles la espalda. Por otro lado, un realismo natural de lo que fue la crónica de un resultado anunciado.

Quienes vivimos los comicios desde las regiones podemos dar particular fe de la normalidad del domingo. Los puestos de votación vacíos, pocos jóvenes acercándose y muchos a quienes les era negado el acceso a la pila de tarjetones acumulados por inconvenientes formales.

La mala disposición geográfica de los puestos de votación llevó a que el registrador nacional emitiera una resolución horas antes de la elección, lo que llamó la atención de distintas organizaciones políticas, pues abrió una puerta al doble sufragio y no solucionó los problemas reales de la jornada, como la posibilidad de votar con contraseña o en cualquier punto de sus lugares de nacimiento para mayores de edad, imposibilitando el voto de millones de jóvenes.

Y es que la logística de la Registraduría y los gobiernos locales para dinamizar la pedagogía electoral en escenarios como colegios y universidades era clave para que las elecciones pudieran ser exitosas. La falta de esta y la apatía generalizada para ir a las urnas pueden explicar el abismal abstencionismo del domingo, que ascendió al 90%, con la participación de apenas un millón de jóvenes, de los doce millones aptos para votar.

Así pues, y aún más por el poco cubrimiento mediático que hubo, este proceso no debe pasar sin una profunda reflexión nacional. ¿Dónde quedó la juventud que salió a protestar hace meses? ¿Cuál es el estado de confianza que tenemos en los procesos de participación? Y ¿por qué no hubo más alcance de la pedagogía para preparar a los votantes?

Estos cuestionamientos, además, se hacen extensivos a todos los gobiernos, que deben escuchar a los nuevos Consejos de Juventud, para evidenciar su relevancia y aportar al progreso de esta población junto a ellos.

Solo así, en un ejercicio serio y permitiéndoles un rol activo más allá de la foto, podrán cobrar sentidos estos comicios y quizá, cuando se repitan en cuatro años, podremos celebrar un resultado diferente.

*Pianista, gestor cultural y social,

estudiante de Jurisprudencia.

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