Columna


Dos mujeres

JORGE RUMIÉ

13 de mayo de 2022 12:00 AM

Conocí a Judith Pinedo en el año de 1995, cuando ambos hacíamos parte del gabinete de Guillermo Paniza en la Alcaldía de Cartagena. Tiempo después, le apoyé como empresario en su labor como directora de Funcicar.

En aquellos días, en febrero de 2007, siendo el suscrito presidente de la Corporación Cartagena 1815, recuerdo que le mostré una encuesta que habíamos contratado para identificar candidatos potenciales para la Alcaldía. La idea que teníamos era la de organizar un proceso ciudadano de varios candidatos, donde el ganador se presentaría por firmas. Judith marcaba bien en los estratos 1 al 3, y cuando le mostré los números, textualmente me dijo: “Kike, no me asustes. ¿Y ahora qué hago?”. El resto es historia: el movimiento político se creció y terminó llamándose “Por Una Sola Cartagena”, donde ella ganó la consulta y luego la Alcaldía.

A Vivian Eljaiek la conocí en los años de la Corporación Nueva Cartagena, posiblemente en 1990 o sus alrededores. Años después la llamamos en “1815” para que nos ayudara como facilitadora en un evento llamado “Un Día Por Cartagena”, donde invitamos a varios expertos en diferentes temas para armar un “Plan de Gobierno” para la ciudad. Ya en sus años como directora ejecutiva de la Andi, tuve el honor de trabajar con ella, siendo parte de su junta directiva en la seccional Bolívar.

Ahora bien, hago referencia a estas dos maravillosas mujeres, porque quiero hacerles un sentido y público homenaje, desde la esquina de mi columna. Para ellas, mi admiración. Todos tenemos claro que ustedes han sido un estandarte del trabajo desinteresado por el bien de Cartagena y sus causas sociales. Todos tenemos claro sus convicciones y la pulcritud de sus actuaciones.

Duele verlas – cuánta ironía – privadas de su libertad. Es el mundo al revés. Por eso les pido fortaleza, que de esta salimos con la honra restablecida. Tengo plena confianza que la justicia prevalecerá y que ella tarda, se bambolea, pero llega. La Corte debe entender la magnitud de su responsabilidad y que tienen a su disposición a la ciudad entera – incluido al suscrito - para explicarles en detalles cómo ha sido su crecimiento urbano de “intersecciones” entre mares, bajamar y playas, incluido el material fotográfico. Tengo la edad suficiente para haberlo visto con mis propios ojos. Mi niñez y mi adolescencia se me fue jugando y haciendo deportes donde antes había playas y ahora solo hay casas y edificios. ¡Por favor!

Vivian, Judith, tengan claro que la ciudad no las olvida y aquí estamos de pie esperando el veredicto.

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