Drogadicción y coronavirus

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Llevo varias semanas publicando en esta columna la grave situación que vive Cartagena por la pandemia; sin embargo, hoy debo trasladarme a un municipio muy cercano, El Carmen de Bolívar, donde al virus se le sumó el flagelo de la drogadicción.

El coronavirus llegó a El Carmen de manera macondiana el pasado 6 de mayo: un señor, contagiado de COVID-19, pedaleó desde Cartagena hasta San Juan Nepomuceno. Allí, cogió una mototaxi que lo llevó a El Carmen, donde hizo trasbordo con el mototaxista carmero que lo llevaría hasta Magangué.

Dieciséis días después, las autoridades se enteraron de un caso positivo en Mompox, quien ya estaba aislado; se trataba del señor que pasó por San Juan y El Carmen, por lo que los alcaldes de esos municipios empezaron a averiguar para hacer el cerco epidemiológico. Al mototaxista le hicieron un test rápido que resultó negativo y luego la prueba clínica, que dio positivo para COVID. Cuando le fueron a decir, otra vez estaba en la estación de Gambotico, esperando pasajeros.

Este caso se ha convertido en un dolor de cabeza para el alcalde Carlos Torres, porque el mototaxista es consumidor de drogas y no lo han podido controlar. Aunque dispusieron de un hotel para que él y cuatro miembros más de su familia permanezcan aislados y evitar ataques de la comunidad, el mototaxista se ha escapado dos veces y después de varios esfuerzos, pudieron detenerlo bajo un aguacero. Pero ya apareció otra señora diciendo que se fumó “un bareto” con él en Gambote, por lo que también la pusieron en cuarentena. Igualmente, a un señor con el que peleó en un centro comercial. Al que no encuentran es al que separó a los peleadores.

El alcalde pide la colaboración a los carmeros que tienen familiares consumidores de droga, para que los aíslen y los pongan en cuarentena, porque posiblemente están contagiados.

Una tarea muy difícil por un problema de salud pública al que nunca se le metió seriamente la mano. No es un secreto que en El Carmen, así como las pandillas, fue creciendo el problema de la drogadicción a la vista de todos, sin un plan estratégico para solucionarlos. Ahora que el COVID-19 no llegó al pueblo por un campesino, un comerciante, un padre de familia responsable, sino por una persona dependiente de las drogas, se encienden las alarmas.

La situación preocupa aún más, si tenemos en cuenta que gran parte de sus habitantes son adultos mayores, pues muchos de los jóvenes salieron en busca de mejores oportunidades. Es decir, pese al toque de queda y las medidas de pico y cédula, seguimos viendo al señor de los panes o de los ajíes, rebuscándose en la calle para comer.

No hay que negar los esfuerzos que ha hecho el alcalde para conseguir mercados y auxilios económicos a gran parte de la población, pero, si no se controla urgente la problemática base de las personas contagiadas, El Carmen estará en alto riesgo muy pronto, y el hospital de segundo nivel no alcanzará.

*Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter:@javieramoz.

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