Columna


Educación, educación

JESÚS OLIVERO

JESÚS OLIVERO

27 de julio de 2018 12:00 AM

Con la entrada del nuevo gobierno, todos apuestan por mejorar la calidad de vida de Bolívar, el Caribe y el país. Carreteras para desarrollar el campo, ordenar el Canal del Dique, megaobras de cuarta a octava generación, entre otros requerimientos de concreto, son las aspiraciones más frecuentes de los políticos. Lamentablemente, estas ejecuciones aportan poco a construir un camino con esperanzas sólidas para tejer un futuro con menos pobreza, el cual sigue siendo el problema principal que afrontamos.

Una de las cosas que siempre pienso es como nuestros dirigentes no atacan la pobreza por su lado más vulnerable, la educación.  Intervenir con todas las herramientas y fuerzas el sistema educativo es lo único que realmente genera verdaderas transformaciones en la sociedad, y eso se sabe desde la antigüedad.  Sin embargo, aquí seguimos pensando que el cuento central del desarrollo es la llamada infraestructura, cosas como el Túnel de Crespo, siempre en mantenimiento; Transcaribe, con estaciones pudriéndose que nunca han sido habilitadas, entre tantas obras de maravilla.

Imaginemos un alcalde, gobernador, presidente o congresista decidido a cambiar las cosas.  Iniciaría por garantizar una educación pública mejor que la privada, sin que los dineros públicos financien a esta última. Enfocaría los esfuerzos a mejorar las instituciones educativas en los barrios vulnerables. Salones amplios con ambientes óptimos para el aprendizaje.  Aprender es imposible pretendiendo que un abanico cambie los 30 grados de temperatura asfixiantes en las escuelas, sin bebederos ni agua en el baño. 

Cuando la educación es lo primero, buena parte de la maquinaria administrativa debe trabajar para eliminar esos planes de alimentación escolar que son una de las vergüenzas más detestables de nuestro tiempo.  Los colegios tendrían su propio restaurante escolar, y como hacen en algunos países civilizados, un grupo de profesionales, incluido el alcalde, definirían la dieta de los niños.

La pobreza la acabamos con profesores bilingües y calificados en todos los niveles, bibliotecas creativas que intenten liberar a los adolescentes del Facebook e inculcar la lectura permanente y el aprovechamiento del tiempo libre, bancos de horas para que expertos compartan sus conocimientos con estudiantes de secundaria y sobre todo, con deseos verdaderos de avanzar sin corrupción.

Un gran impulso lo daría la empresa privada y los ciudadanos pudientes, adoptando salones de clase en colegios públicos.  Aire acondicionado, pintura, material didáctico, cielo raso, computador y video bean, hacen parte del kit mínimo de apoyo.  ¿Iniciamos el primer salón VIP en nuestras escuelas públicas?

*Profesor

@joliverov

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