Columna


Educación en la pospandemia

WILLIAM ARELLANO CARTAGENA

06 de mayo de 2022 12:00 AM

La llegada del COVID-19 obligó a la comunidad educativa a enfrentar grandes desafíos. Sin la acostumbrada presencialidad, confinados en casa bajo modalidades de educación a distancia y virtual, y con el uso de nuevas plataformas, surgió la inminente necesidad de priorizar la salud y el bienestar de los estudiantes.

Todos alcanzamos a percibir los embates de la pandemia. Ante la falta de oportunidades, muchos docentes debieron cesar sus actividades académicas; otros, casi obligados, debieron incorporar las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) en su quehacer pedagógico. Los estudiantes observaron cómo se interrumpía su trayectoria educativa, sus espacios de interacción, y cómo se afectaban su nutrición y su rendimiento académico. Los padres de familia tuvieron que asumir un rol más activo en el acompañamiento a sus hijos, sobre todo cuando se trataba de estudiantes de preescolar y básica primaria.

Entre los aspectos negativos más comunes que debimos enfrentar se encuentran los problemas de conectividad de muchos estudiantes y docentes. Dificultades para recibir o impartir las clases remotas o para recibir el material de estudio estaban a la orden del día. En muchos casos la deserción escolar fue una consecuencia inmediata.

No obstante, este año 2022, ante la decisión de retorno a una educación presencial, hemos notado que no todos los efectos del virus fueron negativos. Por ejemplo, el uso y apropiación de las TIC por parte de docentes y directivos es ahora mayor, lo que invita a una creciente innovación en la oferta educativa. Así mismo, hay una menor resistencia a la educación a distancia y virtual, sobre todo en la educación superior. Esto representa la oportunidad para avanzar en una nueva oferta de carreras y posgrados bajo modalidades combinadas (presencial, virtual, a distancia y/o dual) y a una mayor cobertura de la educación superior, pues se da acceso a la población que habita en regiones marginadas o apartadas de los grandes centros urbanos.

Potenciar estos beneficios requiere, sin embargo, la masificación del uso de las TIC, la transformación de las metodologías de enseñanza hacia unas que propicien el aprendizaje activo, currículos más flexibles, modulados y orientados al desarrollo de competencias y resultados concretos de aprendizaje, y universidades dispuestas a implementar el aprendizaje híbrido.

La invitación es a que en la pospandemia las instituciones aprendan de lo sucedido y puedan repensar sus proyectos educativos y modelos pedagógicos.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor de la Facultad de Educación, UTB.

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