Edurbe, agua y ordenamiento

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En uno de sus primeros actos de gobierno, el alcalde anunció que cancelará los convenios interadministrativos con Edurbe, que han sido una “guachafita” de corrupción y desgreño. Guerra manifestó que “Edurbe se ocupará de manejar caños, cuerpos de agua”, lo cual no es nada nuevo pues esa es su razón de ser.

Edurbe ha sido una bisagra entre sectores de la clase empresarial cartagenera y la dirigencia política tradicional. Un feudo que en no pocas ocasiones ha sido regentado por personajes de apellidos prestantes, con la materialización de una alianza que ha sido inconveniente.

A finales de 2016 el Consejo Gremial de Bolívar avaló la estrambótica figura que permitía ceder recursos a Edurbe para que este a su vez, subcontratara el Plan Maestro de drenajes pluviales bajo la figura que ahora se critica. Afortunadamente, por defectos legales, según decisión del Tribunal Administrativo de Bolívar, cayó el entuerto. El Consejo Gremial respaldó así una iniciativa del infortunado alcalde Duque pese a las llamadas de atención acerca del error.

Pero lo que quiero plantear es una visión acerca del desarrollo de la ciudad a partir de la controversia que suscita Edurbe. Construir a partir de las cenizas.

Por motivos de trabajo, he conocido Amsterdam, nombrada la Venecia del norte de Europa, por sus 100 kilómetros de canales entre las 90 islas que constituyen la metrópoli y que la convierten en una gema universal. En aquellos parajes acuáticos no pude menos que soñar con ver a Cartagena convertida en algo similar: una Venecia del Caribe.

El ordenamiento de Cartagena no ha tenido armonía con el agua. La gran riqueza hídrica se convirtió, por miopía, en un oprobio de rellenos y terraplenes que cerraron el curso de las aguas para urbanizarlas de forma mezquina, causando además una tragedia a la biodiversidad.

“Este cuerpo de agua era un nicho ecológico de los ecosistemas internos de la ciudad, donde era fácil encontrar: chinos, jureles, sábalos, robalos, mojarras, lebranches, meros y hasta tortugas, como una vez en mi infancia vi pescar un mero en el antiguo Puente de Madera de Chambacú”, cuenta con nostalgia Juan Gutiérrez Magallanes, en nota escrita para un magazín local.

Aún es posible un gran propósito ciudadano para recuperar el ordenamiento urbano en armonía con el agua. En el agua están muchas de las posibilidades naturales de Cartagena: agua para la movilidad, para la biodiversidad, para la seguridad alimentaria, para el turismo, para conectarnos y construir entornos ciudadanos de convivencia y estética.

Por su origen legal, Edurbe tiene instrumentos financieros para ese gran propósito, pero es preciso darle nueva fuerza, garantizando una gerencia transparente. Falta construir nuevos ideales que nos incluyan sin privilegios, ni mezquindades. 

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