Columna


El abogado litigante

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

31 de mayo de 2022 12:00 AM

La labor jurídica es una de las profesiones que más genera amores, pasiones y odios. Cuando se creía que mantenía la dignidad histórica que la caracterizaba, descubrimos que hoy está rodeada de una extraña vibra que no solo brota en el alma de los apáticos sino también en la de los mismos abogados. Pues, la diversidad de su ejercicio somete a quienes la ejercen a constantes desacuerdos, diversos puntos de vista y por qué no, a rivalidades estériles.

Lo cierto es que nadie está exento de necesitar un jurisconsulto, quizá de ahí provenga la displicencia de algunos y, aun cuando esté claro que hay roles jurídicos que en definitiva son intolerables para un sector de la sociedad, estos terminan siendo una función necesaria para la administración de justicia. Lo importante es reflexionar con empatía y evitar, aunque sea difícil, identificar a los juristas con sus funciones, clientes y causas.

El derecho busca anteponerse a las necesidades del mundo conflictivo y estar a la vanguardia de nuevas especialidades. Por su parte, la forma de ejercer la profesión se observa desde diversos roles, como, por ejemplo, los jueces, conciliadores, procuradores, asesores, fiscales, comisarios, inspectores y el más transversal de toda fórmula procesal, el litigante.

El abogado litigante es el actor que pone en funcionamiento gran parte del sistema judicial, sin él sería complejo el trámite, pues es quien plantea técnicamente el debate en los diversos extremos. Aun así, es quien menos garantías tiene. Es poca su estabilidad financiera, se ve expuesto a peripecias económicas ya que no cuenta con un salario fijo ni prestaciones, atención para su salud; y lo peor, no tiene vacaciones, incluso en la vacancia su mente estará haciendo cávalas entre teorías, pruebas, leyes y jurisprudencia.

No siendo eso suficiente, por lo general el espacio en familia se sacrifica y se destina a la consecución de litigios o en diversas reuniones de trabajo sin horario ni calendario. La tardanza en la resolución de los procesos se les achaca como si aquel nefasto fenómeno no dependiera de la evidente congestión judicial. Y, qué decir de la inaceptable guerra sucia para lograr hacerse al cliente: injurias, calumnias y un sinnúmero de comportamientos antiéticos que son un mal humano y no exclusivo de abogados.

A pesar de todo hay quienes todavía encontramos placentero y honroso ejercer la profesión jurídica desde el rol del litigante. La motivación sigue siendo representar causas complicadas, más allá de los intereses económicos. Es una vocación de vida dedicada a buscar el radiante brillo de la verdad que precede a la justicia. Nada como la satisfacción del deber cumplido, enfrentando retos y aprendizajes diarios, donde el norte siempre será cumplir tan importante función social con base en el sacrificio, estudio y disciplina.

*Abogado.

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