Columna


El Aquarela se parece al Covid

RAFAEL TONO L.

24 de septiembre de 2020 12:00 AM

Sí, tienen similitudes: el primero tuvo su origen en Medellín (Colombia), el segundo en Wuhan (China). Ambos llegaron a Cartagena en avión: los paisas venían a tramitar licencia para levantar varias moles de concreto de 30 pisos, casi que encima del Castillo San Felipe; los chinos llegaron de polizontes y nadie lo sabía. Con el tiempo, aquéllos, muy convincentes, lograron la licencia para construir la primera de sus moles, gracias a la permisividad y a la falta de criterio de todos los funcionarios de la alcaldía por cuyas manos pasó el proyecto en busca de las pertinentes autorizaciones, incluido el mismo alcalde de la época y, finalmente, de la curaduría que otorgó la licencia; es decir, un mundo de personas que ‘no vislumbraron’ lo evidente: la afectación visual del Castillo, lo cual repercutiría de inmediato, como en efecto sucedió, en la categoría de Patrimonio de la Humanidad que desde 1984 ostenta Cartagena. Finalmente, el virus chin o acabó con el turismo y todas sus actividades afines, base de la economía cartagenera, mientras que el Covid paisa, si no se demuele el virus, amenaza con el ‘no’ retorno del turismo internacional cuando la Unesco borre a Cartagena de su lista preciada. Eso, sin duda, será la muerte definitiva de esta ciudad, porque el turismo masivo y en dólares ya no volverá por estos lares, habitados por “una caterva de vencejos” o más bien, de pendejos.

Saliendo ya de las analogías, la ciudad no puede bajar la guardia en torno a este asunto de vital importancia para su renacimiento post Covid. En torno a la demolición, hemos visto cómo se pasan la pelota mientras que el plazo que dio la Unesco se acerca a su vencimiento. El 18/09/2018 El Universal publicó que el Aquarela había ocupado terreno por fuera de lo aprobado en la licencia de construcción, y meses después, el 31/01/2019, anunció el fallo policivo que confirmó la invasión de espacio público y obligaba a su restitución. De allí a la fecha, han sido muchos los ‘ires y venires’ sin que se vea una real voluntad de salvar a la ciudad de la hecatombe.

Del Ministerio de Cultura y de la Contraloría han salido directivas a favor de la demolición. También han intervenido las sociedades de ingenieros y arquitectos locales y nacionales aportando estudios que aseguran que el edificio no cumple con las normas de sismorresistencia, pero nada sucede, el negro adefesio sigue allí.

Por último, el alcalde dice que no decreta su demolición mientras no lo ordene un juez y se nombren responsables por las posibles demandas que vendrían, ya que el Distrito no puede asumir ese costo; sin embargo, el Distrito concedió la licencia y las demandas posiblemente no empezarán mientras el edificio permanezca en pie. ¡Menudo enredau!

La que sí procederá, con toda seguridad, será la Unesco.

*Arquitecto.

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