El acuerdo no es la paz

03 de julio de 2017 12:00 AM

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Nunca se supo cuántos eran los guerrilleros de la Farc y cuántas eran sus armas. El presidente Santos dijo que había 14.000 registradas, pero hoy solo aparecen 7.000, entregadas por el mismo número de insurgentes. Este tipo de cosas le quitan credibilidad al Acuerdo de Paz y producen gran desconfianza. Aunque loable sí es que los sediciosos se desarmen. Sin embargo el Acuerdo no es todavía la paz de Colombia.

Es inaudito que se cambie todo un “establecimiento” para complacer con toda clase de prebendas a un ejército de tan pocos hombres y pocas armas, las que jamás podrían enfrentarse a las 450.000 de las FFMM de Colombia. En este Acuerdo perdió el país. Mientras tanto equívocamente se desmantelan las FFMM, cuando un estamento militar fuerte es la salvaguarda de la democracia y sus instituciones (lo demuestra el hecho que Maduro no ha caído por contar con el respaldo de su ejército, apenas pierda ese apoyo, cae).

El Acuerdo solo acaba el enfrentamiento con las Farc, al que  solo se le atribuye el 4% de la violencia (según CINEP). Lo cual está muy lejos de ser la paz del país, porque todavía existen el ELN, las 3.500 Bacrim, los paramilitares, el EPL que renace, la delincuencia organizada, las 31 disidencias de la Farc, el nuevo MRP y la delincuencia no organizada.

Todas apoyadas en el narcotráfico, que es el combustible de la violencia, y que está muy lejos de desaparecer porque los cultivos aumentan, ya que la erradicación es a mano y presenta la desproporcionalidad de arrancar una planta y sembrar veinte de ellas. Erradicar 100.000 hectáreas en un año no es realista. En 8 años se logró disminuir de 160.000 a 50.000 hectáreas a pesar que existía el Plan Colombia y la aspersión aérea.

Los mencionados delincuentes, diferentes a la Farc, son los causantes de los más de 6.000.000 de víctimas. Así que el Acuerdo solo podrá conseguir disminuir la violencia en un 4%. Según datos de Panam Post, los desplazamientos forzados en lo que va del año son mayores que todos los de 2016.

Entre tanto no podrá haber paz si no existe una efectiva administración de justicia, si no hay inversión social, si no se acaban los cultivos de coca, si continúa la corrupción, si persiste la exclusión y el centralismo, si no hay seguridad, si no hay un buen Congreso, unos eficientes órganos de control, unas excelentes Cortes. Sin embargo nada de esto, que es tal vez lo más importante, lo contempla el Acuerdo, el cual es muy político y no es tan social. El mal todavía sigue en las sabanas.

Entonces la inseguridad física seguirá persistiendo, a pesar del Acuerdo, unida esta vez a la inseguridad jurídica, dadas las políticas de este. Y sobre todo a las medidas tributarias de los últimos años, ya que las nuevas reglas de juego traen más impuestos y se convierten en una mayor amenaza, tal vez más peligrosa que la inseguridad física.


gabrielrodriguez@ibrinmobiliaria.com

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