El alto costo de la desconfianza

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En situaciones normales, sin estar en una pandemia, la desconfianza juega en contra de cualquier sociedad que, requiere del esfuerzo colectivo para mitigar los efectos de las crisis y salir ágilmente de situaciones tan complejas como las actuales.

Desde el nivel comunitario hasta la más alta esfera del gobierno, creer que no podemos actuar articuladamente, sincronizando esfuerzos y siendo capaces de dar y recibir sin esperar nada a cambio, es algo que la reciente situación nos muestra que sí es posible si cambiamos la confrontación por las conversaciones sobre lo que nos une y nos afecta, sobre aquello que requiere la voluntad de todos para resolverlo.

Libre de protagonismos y espectáculos, si hay algo que esta pandemia nos permite, es el diálogo de los improbables, con muestras de que cuando el elemento en común es superior a nuestros egos, las acciones colectivas brillarán por los resultados, más que por los personajes.

Es de esperarse que, una situación de riesgo, sin antecedentes históricos recientes y que afecta al tiempo diferentes dimensiones de la sociedad, despierte en la ciudad opiniones favorables, desfavorables, de juicio, exigencias y otro tipo de aportes que son legítimos en una democracia.

Si bien la invitación es a asumir un rol activo desde las propuestas, cumplir las medidas de aislamiento, tener los comportamientos de higiene que la situación demanda, también es cierto que quienes lideran desde el gobierno el manejo de esta emergencia, deben recibir estas opiniones y aportes como materia prima para la toma de decisiones, con filtro, equilibrio, justicia y oportunidad, dejando de lado los excesos de sensibilidad para así movernos ágilmente y de manera más racional, con datos, hacia la solución de los problemas.

El creer que quien opina tiene un interés oculto, nos resta energía, pensar que en la ciudad no estamos para ayudar sino para sacar ventaja, es algo que debemos desinstalar de nuestra cultura. Partir de la desconfianza para escuchar, no nos permite dar espacio a opiniones y miradas que enriquecen el ejercicio de gobierno, de ciudadanía, de articulación.

La corrupción que por años nos ha afectado, hoy con el compromiso de la administración actual de exterminarla, es probable que no sea el mal que más nos preocupe; hoy nos juega en contra la desconfianza, con un alto costo que nos puede llevar a equiparar los daños de la inacción con los que la corrupción nos dejó.

No es momento de desconfiar, es momento de unirnos. Si confiamos y nos fallan, solo tocará sacudirse las sandalias, seguir adelante y redefinir la trayectoria, pero no dejemos de iniciar el camino de la unión por el miedo a encontrarnos cercanos en el propósito con aquellos con los que, aún no nos hemos dado la oportunidad de soñarnos la construcción de un mejor territorio.

* Directora ejecutiva Traso Colectivo de Transformación Social

aespinosa@colectivotraso.org

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