Columna


El azote de la inflación

JORGE ALVIS ARRIETA

03 de diciembre de 2021 12:00 AM

“En diciembre todo sube de precios”, es una de las frases que más repiten los colombianos cada fin de año. Y lo cierto es que pocas certezas se tienen en estos tiempos de pandemia, como que las celebraciones de esta Navidad y de Año Nuevo exprimirán los bolsillos de los hogares.

Al finalizar octubre, la inflación en Colombia fue de 4,58% con respecto al año anterior. Según el Dane, durante los últimos 12 meses las variaciones en el índice de precios al consumidor por nivel de ingresos han afectado más a la población pobre (5,53%) y vulnerable (5,60%) que a aquella de ingresos medios (4,73%) y altos (3,55%).

Son varias las circunstancias que juegan en contra de la estabilidad de los precios. A la reactivación económica del país –reflejada en un aumento de 13,2% del PIB en el tercer trimestre del año– se suman algunas causas que dan lugar a un encarecido costo de vida: la escasez relativa de algunos bienes provocada por la crisis de suministros y la recuperación de la demanda, en particular del consumo de los hogares.

Como si eso fuera poco, el panorama mundial también indica que los precios podrían aumentar en el corto plazo. La escasez de insumos de producción, los altos precios de la energía y del petróleo, y las expectativas que estas noticias generan, también dan paso a una presión inflacionaria. Las restricciones a la oferta de bienes y servicios no dan tregua y se prevé que en los próximos meses se mantengan.

En Colombia, los precios que más suben son los del sector de alimentos y bebidas no alcohólicas (0,89%); en especial, los de carnes, frutas y verduras. Varias circunstancias podrían explicar estos incrementos: materias primas costosas, dificultades en las cadenas de suministro, y la creciente exportación de carne de res, que debilita la oferta interna y, como consecuencia, eleva el precio a los consumidores locales.

Para el país no deja de ser esta, una situación agridulce. Aunque la acelerada recuperación económica es un aspecto positivo, su contrapartida no lo es tanto, pues precios cada vez más elevados afectan a los más vulnerables y a quienes tienen menor acceso a los ingresos necesarios para solventar sus necesidades. La creciente inflación da fe de la vieja máxima de los economistas, según la cual “no hay almuerzo gratis”.

Con la pandemia muchos hogares han visto cómo se deterioran las pocas oportunidades con las que cuentan y cómo su bienestar disminuye. Es este un claro mensaje de que no basta el crecimiento económico; se requiere intencionalidad de políticas sociales y distributivas para enfrentar esta coyuntura crítica.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor del IDEEAS, UTB.

TEMAS

  NOTICIAS RECOMENDADAS