Columna


El besamanos

JIMMY MÉNDEZ

06 de julio de 2022 12:00 AM

El flamante presidente electo se va a Europa a cargar baterías y ver a su hija arrellenada en una refinada educación capitalista, a la que muy pocos privilegiados tienen acceso.

Mientras cruza el Atlántico, en su rostro se dibujará una sonrisa perversa, pues hasta antes de subir por la escalerilla del avión, disfrutó con deleite un interminable “besamanos” al que concurrieron personajes de todos los pelambres, desde copartidarios en trance, hasta lagartos desvergonzados de todos los colores.

El BESAMANOS era una costumbre de la antigüedad que consistía en besarle la mano al Rey en señal de respeto y sumisión, teniendo su origen en Oriente y que los hebreos llevaban al extremo al arrodillarse y posar la frente en el piso.

El besamanos en el Vaticano ocupa enormes filas que pacientemente esperan besar el enorme anillo pontificio y así aspiran a que sus pecados reciban dispensa.

En el besamanos al presidente electo hubo toda clase de sentimientos:

De partidarios que besaron con excesiva pasión, buscando que el iluminado los recuerde a la hora de confeccionar la fronda burocrática.

De recientes contradictores que esperan con su delicado ósculo, se olvide la reyerta aún fresca y haya un cupito en uno que otro cargo generosamente remunerado.

Y el más sorprendente de todos, el del rival que lo acosó hace menos de 15 días con más de 10 millones de sufragios y que, ante el estupor nacional, se abalanzó hacia Petro dándole un abrazo parecido al de aquellos secuestrados que recuperan la libertad y se funden en gratitud con sus libertadores.

Este inesperado arrebato ha despertado inevitables reacciones.

Una de las más llamativas, la de la bella exministra Consuelo Araújo, quien interpretó un considerable sentimiento nacional al decir que “nos estafó a los que votamos por él... La pregunta es si eso lo tenía previsto desde antes”.

Y añade algo que le suena a mucha gente: “Hizo todo para perder de una manera muy consciente y está muy contento de haber perdido”.

No de otra manera se entiende el inesperado y suicida exilio hacia Florida a dos semanas de las elecciones, dizque porque lo querían matar.

Al abandonar la refriega electoral en las horas cruciales, el inefable Rodolfo le puso una lápida a su carrera a la presidencia y preparó sus ya enclenques fuerzas para el agotador abrazo a su nuevo mejor amigo.

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