El bicarbonato está agotado

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El sistema de salud colombiano se enfrenta a grandes retos. Por un lado, es necesario garantizar su sostenibilidad en el tiempo, por otro, es imprescindible mejorar la calidad de la atención brindada a los pacientes a través de un acceso a los servicios más oportuno y, por último, hay que volverlo más eficiente, y eso incluye controlar los gastos derivados de los tratamientos, en donde entra en juego un poderoso actor que pareciera ser ajeno a la crisis del sector: la industria farmacéutica.

En nuestro sistema sanitario participan diferentes actores, cada uno con sus intereses propios e inherentes a su rol: el gobierno dispone y controla, los aseguradores administran los recursos, las clínicas, hospitales y profesionales de la salud prestan los servicios, los pacientes demandan atención y existe un actor tan importante como los cuatro anteriores, de cuyo rol depende en muchos casos el éxito de la integración de los primeros: la industria farmacéutica.

Quizás lo único en común que tienen todos es que en gran medida dependen y tienen la responsabilidad de utilizar los recursos públicos del sistema de salud para su funcionamiento. Los cuatro primeros se podría decir que están hipervigilados e hipermonitorizados, pero el quinto actor, ¿lo está también?

Y digo lo anterior porque pareciera que a la industria farmacéutica no la controla nadie. Mientras los entes de control, aseguradores, prestadores y pacientes se enfrentan en un campo donde las tutelas, las demandas, las sanciones, los cierres y las crisis son el tema del día, la industria farmacéutica pareciera pasar cómodamente por el lado de la crisis, haciendo poderosa oposición a la regulación de precios, mirando la salud de los colombianos como un escenario comercial, en donde el tema de márgenes y rentabilidad es el día a día y en donde pareciera que Colombia no es más que una zona de ventas y de desarrollo comercial.

Curiosamente con el aumento del precio del dólar y me imagino que con la disminución de la rentabilidad en la fabricación de medicamentos, o por condiciones de mercado no favorables para los fabricantes o importadores, el número de medicamentos agotados y de alertas expedidas por el Invima por desabastecimiento ha aumentado.

Durante los últimos meses, más de 20 medicamentos han dejado de comercializarse o han tenido serios problemas de desabastecimiento. Lo grave es que son medicamentos para el tratamiento de cáncer, antibióticos, anestésicos, medicamentos para uso en unidades de cuidados intensivos, medicamentos para el tratamiento de la hipertensión, etc.

El último caso se presentó hace pocos días cuando se notificó que el bicarbonato de sodio, un medicamento frecuentemente usado en casos críticos para corregir alteraciones metabólicas y que es de vital importancia en las Unidades de Cuidados Intensivos y para el desarrollo de programas de cirugía cardiovascular estaba agotado en nuestro país. Pero paralelo al desabastecimiento empezaron a aparecer ofertas de este medicamento con precios muy por encima de lo que históricamente se venía comercializando.

Algo pasa con el bicarbonato o se está especulando con la molécula, generando desabastecimiento para subir precios o no hay un adecuado control en su producción. ¿Quién controla estas situaciones?

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