Columna


El cáncer puede esperar

“Ella guarda, como un tesoro, la camiseta del Manchester City y la gorra multicolor, las mismas que la acompañaron durante la batalla más dura de su existencia.

HENRY VERGARA SAGBINI

HENRY VERGARA SAGBINI

23 de marzo de 2020 12:00 AM

De aquella mujer esbelta y hazañosa quedaba muy poco y, para no ofenderla con mi asombro, intenté esquivarla, pero ella tomó mi brazo y me regaló su inmaculada sonrisa.

Llevaba puesto un suéter del Manchester City, el aguerrido equipo de sus nietos, con una leyenda retadora: ‘Cáncer, conmigo te jodes’, y una gorra multicolor dirigida a los imprudentes: ‘En quimio, ¿y qué?’

Recordé su andar de potranca, allá en los pasillos de la Universidad, cuando las saetas hormonales nos hicieron perder la cabeza y poco interesaban los tomos gigantescos de la Anatomía de Testut-Latarjet.

Mariana, con el paso del tiempo, no dejó de ser una mujer fascinante, mezcla de genes disímiles: unos sensuales llegados de África, otros de los indómitos Karibes, mientras que, el azul intenso de sus ojos es un pedacito del cielo Andaluz.

Siempre optimista, dueña de una fuerza espiritual irreductible, sabía que el poder va por dentro y, en épocas de tormentas, se aferraba a él con la fe del labriego, ese que siembra en verano con la certeza de que el sudor de su frente anticipará la primavera.

Sin embargo, para Mariana no todo fue color de rosa: el amor de su vida la abandonó apenas supo lo de su cáncer de seno. Le tocó enfrentar los dolores más intensos en la soledad de su alcoba, pero se levantó rápidamente sacando a relucir su estirpe gladiadora que no se da por vencida ni aún vencida.

Ella sabe que el mayor enemigo es el miedo, capaz de paralizar nuestro poderoso ejército interior por lo que, en cada amanecer, convoca a todas sus células dándole instrucciones precisas para alcanzar la victoria final, tal como lo hace ‘Pep’ Guardiola arengando a sus dirigidos del Manchester City en la final de la Europa League.

Entonces Mariana decidió convertir la semana en siete domingos, su cumpleaños en una batalla de flores, consentir a sus nietos y bañarse en todos los aguaceros sin temor a la pulmonía.

Después de dos años encontré de nuevo a Mariana; se veía feliz, resplandeciente, abrazada con sus nietos, gozando de aquel milagro tejido con hilos de coraje y fe.

Ella guarda, como un tesoro, la camiseta del Manchester City y la gorra multicolor, las mismas que la acompañaron durante la más dura batalla de su existencia.

Asegura que tienen poderes sobrenaturales y se las entrega gratuitamente a todo aquel que esté dispuesto a gritarle al cáncer: ¡Lárgate y no jodas más!

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