Columna


El cangrejo que nunca regresará

JESÚS OLIVERO

03 de julio de 2015 12:00 AM

Fue un gran acierto recuperar el parque el Cangrejo Azul, en Crespo. Todos los días lo visitan cientos de personas que conversan, comparten, hacen ejercicio y se divierten, actividades que en conjunto nos dan bienestar. Este cangrejo, a diferencia del anterior, tiene nuevos materiales y colores. Es una hermosa obra de arte.

Cuánta falta hacen estos sitios, los cuales, a diferencia de los centros comerciales, son verdaderos lugares de interacción social positiva.  

Una tarde, mientras pasaba por allí, recordé uno de los espectáculos más siniestros y macabros de mi memoria. Miles de cangrejos salían del mar cerca a Lomarena, intentando cruzar la vía del mar. Los carros, sin piedad y sin bajar la velocidad, masacraban a estos animales y tapizaron el asfalto con sus cuerpos aplastados. Pensé que en algún momento futuro bregaría para levantar un puente de unos cuantos centímetros en esa carretera para que mis nietos pudieran disfrutar de esas migraciones.

Muchos de estos regalos de la naturaleza desaparecieron. Esporádicamente aparece un cangrejo con sus tenazas bajo el brazo y ojos que se le quieren salir, temblando de miedo, esperando a cruzar, eso es todo. Allí mismo en Crespo, no hace mucho, una recreación frecuente era capturar a estos animales cuando entraban a las casas.

Esa interacción con la naturaleza murió, y ahora, como testigo gris del recuerdo sólo nos quedan los monumentos.

No alcanzamos a imaginar que estos fenómenos están conectados con nuestra supervivencia en el planeta, la cual requiere que la red de la naturaleza funcione bien.

Hasta el papa Francisco está preocupado y nosotros nos hacemos los locos. A cualquier precio la playa la convertimos en hoteles, condominios y canchas de golf. El espacio para que el mar interaccione con el continente lo estamos cerrando y si a eso le sumamos el uso del océano para disponer nuestros desechos, el colapso es inevitable.

La absurda idea de un desarrollo que atropella a la naturaleza la seguimos aplicando, aun sabiendo las consecuencias nefastas. Cartagena necesita reconciliarse con su ambiente, al menos que aprendamos a convivir y conservar lo poco verde que queda. Este nuevo parque debe ser un motivo para que los niños y jóvenes sepan lo que perdimos y lo que no podemos seguir perdiendo. Todas las placas y los escudos que hablan de los humanos responsables de esa obra deberían ser reemplazados por una gigante que nos muestre la importancia ambiental del cangrejo en nuestros ecosistemas. Con ello nos divertimos y aprendemos, aunque al final, el cangrejo nunca regresará y como él, nosotros los humanos estamos en la lista. 

*Profesor

@joliverov