El carril de las protestas

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Cuando reproché los linchamientos por parte de personas que buscaron justicia por mano propia, en algunos comentarios que llegaron al correo me señalaban de cómplice de los supuestos bandidos muertos a golpes. Lea aquí: Abogado del ‘diablo’

Otros me calificaron de insensible cuando dije que no debíamos contribuir a la venta informal en los buses de Transcaribe, pues está prohibido. Lea aquí: No les demos un peso

Ya me imagino lo que esos mismos y varios más manifestarán con la columna de hoy, sin embargo, se tenía que decir...

Bloquear el carril del solobús del Sistema Integrado de Transporte Masivo para protestar por cierta necesidad, se ha vuelto una mala costumbre.

No estoy en contra de las protestas. En una ciudad que ha estado en crisis político administrativa durante tantos años, es de esperarse que mucha gente siga aguardando que se cumplan las promesas. Pero es lamentable que se crea que la mejor manera para ser escuchados sea invadiendo el único carril por donde fluye el transporte en la ciudad. Aquel día, un puñado de trabajadores de una empresa decidió invadir la carretera y eso provocó que se parara todo el SITM por varios minutos, la gente se represó en las estaciones, otros se tiraban de los buses porque llegarían tarde al trabajo o a una cita médica. El caos.

En todos los meses de este año se han reportado protestas que afectan el sistema. Hasta mayo iban 12 bloqueos en el solobús, representados en 622 minutos (10 horas) de afectación en solo cinco meses. Y es el carril exclusivo donde más hay manifestaciones, frente a las cinco presentadas en todo el casco urbano en el mismo periodo. Cerca de 132 mil pasajeros se transportan en las 19 horas diarias de operación, es decir, que por cada hora pico de bloqueo se perjudicarían a unos 6.900 usuarios de las diferentes rutas del sistema.

No estoy de acuerdo con que la primera tarea sea responder violentamente con el Esmad ante este tipo de manifestaciones, sin embargo, es hora de pensar en cómo evitar que se repitan tan a menudo. Un día bloquean los taxistas, al otro los mototaxistas, luego las madres comunitarias, los estudiantes, profesores, se meten los uribistas, los petristas y los santistas, los animalistas, uno que otro periodista, entre otros... Y todos seguramente con una razón justa, pues no creo que nadie quiera estar por pasatiempo en medio de una vía a pleno sol, gritando arengas a paso lento.

El Gobierno, las autoridades distritales, son los primeros que deben mostrar siempre disposición al diálogo, con las puertas abiertas para impedir que la ciudad colapse. Así mismo, los protestantes deben agotar los mecanismos para buscar la solución, están los medios de comunicación para escuchar sus quejas, están las tutelas, los derechos de petición, hasta con protestas innovadoras se pueden hacer sentir, y todo el mundo se va a enterar. Afectar al mismo pueblo, sobre todo al que viaja en bus, puede resultar contraproducente. No vaya a ser que un día de estos sean los mismos pasajeros los que se bajen del bus para protestar, porque están aburridos de que a cualquier hora se arme el trancón por tanto bloqueo en ese carril.

Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

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