Columna


El caso Onoda

Christian Ayola

13 de enero de 2022 12:00 AM

Al final de la Segunda Guerra Mundial, después de una confrontación cruenta, Japón se rindió a los EE. UU., pero un puñado de soldados japoneses quedó aislado en la Isla de Lubang, en las Filipinas, eran guerreros con elevado espíritu combativo que no aceptaban la realidad de la derrota, cada vez que alguien se acercaba para comunicárselo, lo rechazaban, porque suponían que se trataba de un ardid del enemigo para humillarlos. Aislados en la selva, fueron sucumbiendo, hasta quedar uno solo, Hiroo Onoda, quien 20 años después, no aceptaba que la guerra había terminado.

En una ocasión alguien le preguntó, ¿qué debería pasar para que lo aceptara?, y dijo, “que el Comandante Imperial venga personalmente y me lo diga”; así fue, su comandante viajó y le dijo: “Soldado Onoda, Japón perdió la guerra, firmamos la rendición, pero hoy somos socios de los americanos, la guerra terminó, regrese para que reciba sus honores como patriota, además de indemnización y pensión”.

Las partes de nuestra personalidad son como este personaje, ellas no son conscientes que el momento crítico que dio lugar a su formación, ya pasó, tienden a detonarse en el presente, y necesitan que el adulto que somos hoy, (Self), se lo haga saber, y luego tome el control. Recordemos que todos, hasta quien escribe, tenemos una personalidad formada por partes, las hay: protectoras, mánagers, críticos, jueces internos. Exiliadas, representadas por las emociones negativas. Bomberos, representadas por conductas adictivas y autodestructivas.

Eso explica las contradicciones que nos asombran, de cómo gente “buena” realiza actos delictivos; o por qué a veces queremos una cosa (moral) y al mismo tiempo deseamos la contraria (inmoral); por qué predicamos con la palabra, pero no cumplimos con el ejemplo; por qué hablamos que somos enemigos de la corrupción, pero nos volamos el cumplimiento de las normas sociales. No queremos el contagio de ómicron, ni que nuestros familiares mueran, pero salimos a gozar las fiestas, sin tapabocas; no nos gusta la vulgaridad, pero bailamos y cantamos “Macta llega”. Una parte nuestra quiere la libertad de la democracia, otra aspira a un gobierno totalitario que acabe a punta de plomo con las diferencias sociales, o con los revoltosos y terroristas. Una parte mía quiere escribir esta columna, otra, le gustaría estar pescando.

Como dije, las partes son infantiles, no tienen consciencia plena; en cambio el Self es más que la suma de las partes, se caracteriza por los siguientes atributos: curiosidad, conectividad, claridad, creatividad, confianza, coraje, calma y compasión. Conectarse con las partes requiere un viaje hacia nuestro interior, compramos tiquetes hacia el Eje Cafetero o para Miami, pero no compramos el boleto contrario. El Mindulness, la Meditación y el yoga, son puertas para el viaje hacia adentro.

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