Columna


El debate del clima

MAURICIO IBÁÑEZ

24 de noviembre de 2021 12:00 AM

Hace décadas un presidente americano enganchó la frase “es la economía, estúpido”, y nunca como hoy, después que las grandes economías del mundo han encendido sus motores tras la pausa de la pandemia, vemos cómo esa frase aplica a lo que está sucediendo en nuestro planeta. Con el alto costo de los combustibles fósiles, y la necesidad de regresar a ritmos de crecimiento económico apropiados para eliminar la pobreza y aumentar el bienestar, los ambientalistas se han despertado a una dura realidad: no podemos cuidar el planeta sin considerar la economía.

Montones de plantas térmicas fueron clausuradas en el pasado en favor de generar electricidad con recursos tan renovables como inestables: el viento y el sol. Pero ni el viento ni el sol fueron capaces de sustentar el arranque de las economías en este 2021, enviando los precios tanto de los combustibles como de la electricidad en muchas geografías por las nubes.

Poco hablan los ambientalistas de cómo reemplazar la economía de los combustibles fósiles, la cual emplea a millones de personas alrededor del mundo, con salarios de calidad que sustentan una clase media importante. Si nos limitamos a Colombia, los salarios y beneficios de los mineros, en cualquier posición, y de toda la cadena de suministro que se sustenta sobre dichas industrias, está muy por encima del promedio nacional. De prohibir la minería a gran escala, o de terminar con la extracción del carbón y el petróleo, cientos de miles de familias se verían empobrecidas en pocas semanas, sin contar con el efecto dominó alrededor de las comunidades en las que se asientan. ¿Cuál es la industria con la que vamos a reemplazar estos puestos de trabajo, y el bienestar que generan? ¿Los molinos de viento?

Tampoco hablan los ambientalistas de lo que sí se ha ganado, con las medidas que se han tomado desde finales del siglo pasado, con automóviles más eficientes y menos contaminantes. No reconocen la cantidad de papel que hemos ahorrado ni de los bosques salvados gracias a la tecnología, ni nos cuentan cuánto CO2 se ha dejado de expulsar gracias a aviones más eficientes. Solo nos dicen que todo es culpa del cambio climático ocasionado por el hombre.

El debate se debe centrar en la velocidad de reemplazo. ¿Cuánto tiempo necesita Colombia, para reemplazar su economía, sin olvidar que ahora muchos jóvenes reclaman el ingreso universal gratis, como si el dinero resultara la fruta de un árbol mágico? Al estar de acuerdo con la velocidad de reemplazo, dejaremos de lado el sentido de urgencia y de tragedia, y las pataletas de Greta y sus amigos deberán en consecuencia dar paso a una mayor proactividad, innovación, y capacidad de ejecución, mucho más útiles hoy para llegar a donde todos queremos llegar mañana.

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