El deporte como bandera

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El béisbol y el boxeo tuvieron época de oro en Cartagena. Beisbolistas y boxeadores brillaron en el estadio y los ensogados con el respaldo de una afición conocedora y comprometida con sus ídolos. De los más antiguos peloteros que hicieron del diamante 11 de Noviembre un centro de culto de la pelota caliente se destacan, entre otros, Carlos “Petaca” Rodríguez, “Chita” Miranda, Andrés “Fantasma” Cavadía, Varita Herazo, Pipa Bustos.

Esos beisbolistas de lumbre que convocaban a toda la comunidad se metieron en el corazón de los cartageneros desde los años 40 del siglo XX, cuando se iba al estadio no solo a verlos jugar sino a consentirlos con aplausos y voces de reconocimiento mientras narradores de lujo llevaban detalles del juego a una audiencia ávida y solidaria que seguía los partidos en la casa, el trabajo, la calle, los buses, en todas partes.

Ese brillo imborrable es base emocional de lo que hacen hoy nuestros muchachos en las Grandes Ligas, donde Giovanny Urshela es el más importante jugador de un equipo tan emblemático como los Yankees de Nueva York. Otros nombres en la gran carpa: Quintana, Teherán, Mercado, Frieri, Solano. Más atrás: Ñato Ramírez, Joaquín Gutiérrez, Orlando Cabrera, Edgar Rentería. Otros se quedaron y fueron ídolos acá: Corpas, Orlando García, Abel Leal, entre muchos.

En el boxeo hubo gloria, emoción, pasión colectiva. Bernardo Caraballo, brotado de Chambacú, abrió la puerta para que jóvenes de los arrabales como él se encumbraran a base de esfuerzo y pundonor. La afición al boxeo idolatraba a Caraballo, Mario Rossito, Mochila Herrera, Elías Lian y cuando llegó Antonio Cervantes -Kid Pambelé- desde Palenque para convertirse en el primer campeón mundial, el corazón no nos cabía en el pecho. Siguieron otros campeones, Rocky Valdés, Ricardo y Prudencio Cardona, Fidel Bassa, entre ellos.

Todos fueron fruto del hambre de gloria que movía la pobreza y las carencias mayores, y aunque el béisbol y el boxeo local languidecieron junto con la afición, todavía se puede encender de nuevo la llama. Impulsar el deporte a todos los niveles es fundamental para andar el camino de transformación que requiere la ciudad. El patio necesita peloteros, boxeadores, futbolistas, patinadores, basquetbolista, nadadores, convertirse en una cantera de atletas. Esa aspiración requiere una verdadera política pública para el deporte. Construir escenarios, incentivar la práctica deportiva en los colegios, invertir para lograr una cultura deportiva a nivel social, promocionar los atletas. Y algo indispensable, exaltar a las glorias del deporte aficionado que casi siempre sobreviven y mueren en la pobreza y el olvido.

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