Columna


El derrumbe de las ideologías

YEZID CARRILLO DE LA ROSA

04 de diciembre de 2021 12:00 AM

La modernidad se propuso liberarnos del oscurantismo y del absolutismo; paradójicamente, dio origen a una serie de religiones seculares (liberalismo, comunismo, darwinismo) que, aunque tienen en común la fe en la razón y el progreso, defienden verdades y morales absolutas, universales y excluyentes, y en la práctica, terminaron siendo dispositivos de sociedades disciplinarias (capitalismo) o regímenes autoritarios (socialismo, fascismo y nazismo).

Hoy, luego de tres siglos, nadie cree en la revolución ni en el progreso, y no existe una fábula alterna que proponga un mejor porvenir. Las nuevas narrativas, dice Lipovetsky, “son distópicas o catastróficas” (cambio climático, superpoblación), o como afirma Bauman, retrotópica (niegan la negación de la utopía), inaugurando una “era de la nostalgia” que re-escribe el pasado no como fue, sino como se idealiza (ecofeminismo, veganismo, indigenismo). Este derrumbe de las ideologías, sin embargo, tiene varias caras.

Una seductora: la re-individualización de la ciudadanía, que se expresa en el surgimiento de hombres y mujeres hedónicas y narcisistas, cuyo único propósito es vivir aquí y ahora (presente), y en el que sólo hay un valor innegociable: su autonomía y su derecho a ser, desear, sentir y pensar diferente.

Una exótica: el retorno de las tribus (locales, nacionales, globales) que reivindican nuevas identidades y derechos, precisamente, como consecuencia de la multiplicidad de individuos soberanos y emancipados, que sólo se autorreconocen como miembros de un grupo identitario (feministas, lgbtiq, étnicos), activista (ambientalista, antiglobalización) o espiritualista (neochamanismos, orientalismos, neopitagorismos).

Una salvaje: la transformación de los ideales colectivos en proyectos individuales, el descrédito de la clase política y la desideologización del ciudadano, que impide predecir el comportamiento electoral de votantes emocionales, cuyas preferencias cambian con gran facilidad; lo cual puede conducir a gobiernos populistas (Bolsonaro, Trump), autoritarios (Maduro, Ortega) o neófitos (Duque, Castillo); porque cuando ya no se confía en lo conocido (clase política) y se pierde la fe en las ideologías, se termina confiando en quien no se conoce (Rodolfo Hernandez) o lo novedoso (Petro, Fajardo, Char, Fico). Y una esperanzadora: el surgimiento de una sociedad diferente, construida sobre una ciudadanía cosmopolita que tiene rostros diversos (mujeres, mestizos, jóvenes) y múltiples verdades, identidades (genero, raza, etnia).

*Profesor Universitario.

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