El Dololed y otros demonios

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Con un sistema de salud perverso e ineficiente, lo que faltaba era que los medicamentos usados por miles de colombianos estuviesen alterados. Gracias a la Universidad Industrial de Santander, y en particular al amor por Colombia de la científica Elena Stashenko, el país conoció la verdadera naturaleza del Dololed, el cual, según el fabricante, es un producto natural de caléndula, pero, por sorpresa, contaminado con diclofenaco, seguramente el responsable mayoritario de las acciones anti-inflamatorias y analgésicas del mismo.

Es cierto que el Invima no tiene capacidad técnica para realizar monitoreos exhaustivos sobre todos los productos con registro sanitario. Pero, es evidente que debe hacer mucho más para proteger la salud de los colombianos.

Al inicio Invima manifiesta que los análisis de las muestras halladas en el laboratorio del fabricante no tenían diclofenaco. Es ingenuo pensar que el fabricante guardaría lotes contaminados en su laboratorio. Sin embargo, luego de la presión mediática, buscaron mejor y encontraron. Algo similar sucedió cuando reportamos altos niveles de mercurio en atún. Nosotros éramos los equivocados. Al final, Invima sacó comunicados de prensa reportando lotes con niveles altos, pero de sanciones ejemplares, o más monitoreos, ni pío.

El diclofenaco puede generar efectos devastadores en personas susceptibles. Al menos han sido reportados 34 tipos de reacciones, muchas complejas y severas. Por lo anterior, la presencia no declarada de este fármaco en un producto natural, altamente comercializado, no es de poca monta y debe tratarse como delito. La cuestión debe ir más allá de cierres de laboratorios y multas, los responsables deben ser procesados por la Fiscalía por atentar contra la vida de las personas.

Algo que siempre ha llamado mi atención es la venta libre y masiva de homeopáticos, aprobados por el Invima, sin estudio clínico alguno, así como la larga lista de mercancías medicamentosas no registradas por el ente regulador, pero ofertados en farmacias e internet. Esto contrasta con el garrote inmisericorde que ha recibido la ministra de Ciencia por declarar que usa extractos vegetales para curar pacientes con cáncer.

Necesitamos acceso a medicamentos y alimentos confiables y seguros, pero por lo visto, no podemos confiar en la buena fe de los fabricantes. Fortalecer el Invima, insistir en la ética química farmacéutica, apoyar los laboratorios de investigación de nuestras universidades, y dejar de creer en la publicidad atrapa tontos, son una tarea colectiva en deuda.

*Profesor.

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