Columna


El dulce miedo

CÉSAR ANGULO ARRIETA

02 de marzo de 2024 12:00 AM

Esta historia se inicia con un diagnóstico hace 43 años, cuando la vida de un joven a sus 17 años cambió para siempre. La diabetes insulinodependiente irrumpió en su existencia como una tormenta, trayendo consigo miedos, incertidumbres y desafíos que parecían insuperables; desde ese momento para vivir, dependió de la insulina. En su adolescencia, la falta de información y los temores infundados le susurraban al oído que su vida estaría limitada, estimando, según él, que no alcanzaría más allá de los 30 años de vida.

El tiempo pasó como un rayo mágicamente, en 2024 cumple 60 años de vida, su amor por existir es más intenso cada día. A pesar de la diabetes y sus posibles complicaciones, encontró la fuerza interior para enfrentar cada obstáculo con valentía y optimismo. Su debut tan pronto en la nueva condición de diabético, lejos de detenerlo, lo convirtieron en un motor para disfrutar cada momento, de cada pequeña alegría y cada logro conquistado.

Los recuerdos del diagnóstico aún permanecen frescos en su memoria, reviviendo aquellas épocas de incertidumbre y desasosiego, donde encontró siempre en sus padres, hermanos, amigos y doctores palabras de animo, esperanza y fuerza para continuar la lucha, sin entender ellos, lo que es inyectarse tres veces al día, sin embargo, esas palabras de aliento fueron infinitamente inspiradoras. Los temores a no poder formar una familia o a ver mermadas sus oportunidades de disfrutar la plenitud de la vida le atormentaban, pero la Fe en Dios y la Virgen lo sostuvieron y guiaron por caminos insospechados de amor y bendiciones.

En medio de la situación actual, marcada por la incertidumbre en cuanto al cambio del sistema de salud y, ante la escasez aparente de insulina, aquel líquido vital que mantiene su existencia en equilibrio, la sombra de la preocupación se cierne sobre su espíritu. La imagen de otros pacientes, de nacionalidad venezolana, que encontró en vuelos internacionales, luchando por conseguir su medicamento fuera de sus fronteras, resuena en su mente, generando un temor profundo por lo que pueda deparar el futuro en su país. Sin embargo, a pesar de las adversidades, su amor por la vida, por su esposa e hijas, por la familia, por su trabajo y por sus amigos sigue siendo su baluarte.

En medio de la incertidumbre y la angustia, confía en la protección divina para guiar sus pasos y mantener encendida la llama de la esperanza en su corazón.

El anterior relato, combina el humor cotidiano de un diabético a sus seis décadas, sabiendo que una semana sin insulina es la muerte segura.

El joven de la historia soy yo. Debo dar gracias a Sura en Cartagena, quienes hasta ahora ha cumplido con la entrega oportuna de los medicamentos.

Amo vivir.

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