El empalme

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Entregar es tan importante como ejecutar. De las cosas más bellas de la democracia es el pacífico relevo del poder.

Hoy en Cartagena nos enfrentamos nuevamente a una situación donde un alcalde encargado le entrega a un alcalde electo democráticamente, con la esperanza de haber superado las interinidades de ocho años.

El empalme debe ser un acto de gallardía y cortesía, donde ambos equipos se concentren en mirar hacia el futuro.

Cartagena necesita que el nuevo plan de desarrollo se cimente sobre las bases sólidas de un conocimiento de la administración y sin espejos retrovisores, que construya sobre lo construido.

Hemos sido varios alcaldes los que le hemos puesto el pecho a la administración en medio de dificultades sorprendentes. Nada hará culminar esta larga noche como un sincero empalme donde ambas administraciones, la entrante y la saliente, trabajen en armonía por la ciudad.

Y esa gallardía depende de los gobernantes, tanto el que entrega como quien recibe, porque los equipos se ven abocados muchas veces a los egos normales de la humanidad. Unos piensan que la experiencia les da la suficiencia como para minimizar a quienes llegan y los otros ven solo los defectos de una administración que siempre dirán “pudo ser mejor”.

Hoy, nos corresponde a todos los cartageneros, especialmente al alcalde electo, trabajar con las fuerzas vivas de la ciudad para crear un Plan de Desarrollo que se ajuste a las necesidades y a las realidades de Cartagena. Un ejercicio que funciona bastante bien y que aplicamos en el pasado es que el alcalde saliente le haga una lista de temas prioritarios al alcalde entrante donde le deje un: “Qué encontramos, qué hicimos, qué falta por hacer” para cada uno.

El mejor partidor no será solo el inmenso amor que le tengamos a Cartagena sino la información que se entregue al gobierno entrante y la forma como este decida utilizarla. Hoy todos los cartageneros que votamos a consciencia en las elecciones queremos que primen tanto la estabilidad como el progreso. Es hora de seguir cerrándoles las puertas a las maquinarias politiqueras y eso es posible gobernando con esperanza.

El futuro nos necesita, desde la independencia y las orillas propias de nuestro quehacer, unidos por una ciudad que requiere lo mejor de nosotros. Qué bueno que los malandrines (bandidos) ¡se van a joder!

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