El enfermo

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Un día como ayer, tres niñas fueron a buscar leña para el frío invierno. Tras vueltas y revueltas se toparon con una cueva y en la entrada, Bernadette, una de ellas, vio una joven vestida de blanco. Luego de varias apariciones el pueblo estaba conmocionado; las autoridades la acusaron de perturbar el orden y algunos la tildaron de loca. Sin embargo, pudo más la fe que la incredulidad y por ello se construyó una capilla y se levantó el Santuario de Lourdes. Dicen que el agua del manantial ha curado a miles de enfermos. En 1992, el papa estableció el 11 de febrero como el día del enfermo “ante la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos”. Tengo para mí que es el sistema de salud, enfermo como el que más, quien requiere la mejor asistencia posible. Y es que ya no hay dinero suficiente para su enfermedad. Nunca antes la salud había recibido tanto dinero: en 2017 el presupuesto de salud era de 23 billones, en 2019 aumentó a más de 29 billones y para este año subió a casi 32 billones. Mucho más que la mayoría de sectores. Y sin embargo, no alcanzará. El sistema, tal como está, es inviable: por décadas ha promovido atención más que prevención, cuidar la enfermedad más que promover la salud; el paternalismo más que la autonomía y el autocuidado del paciente; el encarnizamiento terapéutico más que el alivio de síntomas y el cuidado paliativo. Y claro, eso genera millones de consultas por síntomas y, ante la inoportunidad de tales consultas, la única salida es correr a urgencias. Con las resultas que quien en realidad está urgido no es atendido con oportunidad y eficacia. Claro, es menester reconocer, como lo mostró un informe de El Tiempo, que las urgencias en nuestro país, con destacadas y contadas excepciones, no son un dechado de virtudes. Además, la mayor carga de enfermedad, incapacidad y mortalidad para nuestros enfermos deriva de enfermedades como las infecciones respiratorias, la enfermedad coronaria, las enfermedades cerebrovasculares, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la obesidad y el cáncer. La mayoría de ellas prevenibles con una dieta adecuada, evitar el cigarrillo, promover el ejercicio y cumplir un programa de vacunación.

El médico también está enfermo. Y es que ser la cara y cargar con la responsabilidad de representar un sistema inoportuno e ineficaz enferma a cualquiera. Una encuesta del Colegio Médico Colombiano demostró cansancio, agotamiento emocional y fatiga física en el personal de salud. Hasta el punto que el riesgo de morir por suicidio es dos veces más frecuente que en la población general.

Sí, la salud se enferma y los médicos también se mueren. Igual, a Bernadette de poco le sirvieron los milagros para curarle un asma severa y un tumor en la pierna que la hizo cojear por años, la condujo a la muerte a los 35 años y no era otra cosa que una tuberculosis.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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