El esquema así no funciona

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Desde los primeros meses del año 2017 empezó a sentirse en las ciudades fronterizas y luego en toda Colombia el fenómeno migratorio venezolano. Desde ese año hasta hoy, millones de venezolanos han salido de su país, movidos por múltiples razones, escapando de unas condiciones adversas y de un gobierno que para los detractores del régimen de Maduro no tiene futuro.

La cifra de migrantes en nuestro país en el mes de octubre podría llegar al millón y medio de venezolanos, teniendo en cuenta datos publicados por Migración Colombia en donde se menciona que en junio del 2019 el número de venezolanos en el país llegaba a 1.408.055. De ellos, cerca de 742.000 son migrantes regulares y la otra mitad corresponde a migrantes en estado de irregularidad.

Se calcula que en Cartagena y Bolívar la población venezolana puede rondar las 40.000 personas y de estas muchas están en situación de irregularidad. Lo más crítico de esta situación es que pareciera que en el corto plazo el fenómeno migratorio no va a disminuir y que con las medidas restrictivas para el ingreso de migrantes en algunos países vecinos, el número de venezolanos en Colombia puede aumentar.

Nuestro país ha tenido una política de brazos abiertos para acoger humanitariamente a nuestros hermanos venezolanos. Esta política ha permitido que puedan acceder a servicios médicos, de educación y a tener una protección especial debido a su condición de migrantes en condiciones de vulnerabilidad. Muchos entes de control como la Defensoría del Pueblo, las personerías, las secretarías de salud y hasta el sistema judicial han estado prestos a garantizar y apoyar a los hermanos venezolanos en el duro trance de salir de su país a buscar un futuro en Colombia.

Hasta allí Colombia ha jugado un rol importantísimo en ayudar a los hermanos venezolanos y se la ha jugado toda en fijar una posición fuerte y contundente frente al régimen de Maduro. De cara a la comunidad internacional estamos haciendo las cosas bien, sin embargo, de cara a la comunidad nacional ¿las estaremos haciendo igual de bien?

Acoger a un millón y medio de migrantes no ha sido fácil. No solo es acogerlos sino protegerlos y no solo es protegerlos a ellos sino a todos los colombianos que se ven afectados por el fenómeno migratorio.

Uno de los sectores que ha hecho frente a la crisis venezolana y que se ha visto afectado de manera dramática por este fenómeno es el hospitalario. Los hospitales colombianos están colapsados con pacientes venezolanos, en algunos servicios la atención a venezolanos supera el 30% de la ocupación y la infraestructura hospitalaria no estaba preparada para una situación de semejantes dimensiones.

Nuestro sistema judicial, que históricamente ha estado colapsado por el gran número de tutelas, se está enfrentando a una nueva avalancha de requerimientos producto de la necesidad de los venezolanos de hacer valer sus derechos; cada día y en mayor número hay pacientes con padecimientos crónicos, de muy alto costo y con patologías congénitas que requieren intervención médica.

No obstante, la normativa para la atención de pacientes migrantes y en situación de irregularidad no está clara. Los pacientes tienen barreras de acceso a los servicios y las estancias hospitalarias se prolongan, lo que genera congestión y mala atención para los nuevos usuarios del sistema de salud y obviamente para los usuarios regulares del sistema, que ya bastantes problemas de barreras de acceso tienen en los servicios que demandan.

Los hospitales solos no pueden hacer frente a esta situación, en Cartagena la deuda producto de las atenciones a pacientes venezolanos puede llegar al finalizar el 2019 a los 20.000 millones de pesos, no hay una política clara que garantice estas atenciones y los recursos no se ven, la cooperación internacional no ha llegado a Cartagena y la frágil red hospitalaria de la ciudad ya no aguanta más.

Para enfrentar un fenómeno migratorio de estas dimensiones se requieren recursos y para sostener la atención de un millón y medio de personas adicionales se requiere hacer ajustes importantes a los modelos de financiación del sistema. Los migrantes deben tener atención con unas reglas de juego claras para todos, no puede el sistema de salud colombiano hacerle frente a las fallas, la inoportunidad y a las barreras de acceso a los servicios que sin duda hay en Venezuela.

Los recursos de nuestro sistema son limitados y las necesidades de nuestros usuarios superan estos recursos. Bajo esta óptica, no es posible que a las necesidades de nuestros usuarios se le sumen las de los venezolanos y pretender atenderlas con los mismos recursos. El esquema así no funciona.

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