El estigma

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Muchos de los candidatos en la contienda electoral son hijos o familiares de expolíticos que por diversas razones están en la inquisidora palestra pública. Algunos de esos servidores públicos apenas son investigados, otros fueron condenados y varios tienen cuestionamientos callejeros por razones diferentes a la política. Para estos jóvenes, la cercanía con estas personas los estigmatizó al punto que la asociación con el pasado es permanente y fluida en las mentes de los ciudadanos.
Este estigma constituye cierta discriminación. Todos nacimos de nuestros padres y nunca debemos negarlos o cambiar nuestros apellidos, a pesar de los errores que pudieron cometer. Pero cada persona tiene el derecho al buen nombre, a las mismas posibilidades de los demás, a elegir y ser elegido, así como a expresar sus opiniones sin necesidad de que sus interlocutores vean en sus auras la figura negativa de sus parientes.
Sus retos son grandes. No solo deben elegir un discurso que los caracterice como figuras políticas independientes, sino que necesitan exacerbar y sustentar su credibilidad y talante de líderes ante un público que no quiere repetir malas experiencias, y ante colegas que aprovecharán para recordarles su origen, a pesar de la excelencia de sus actos.
Los electores debemos concentrarnos en las propuestas, las buenas ideas, los cambios que necesita la ciudad y sobre todo en la necesidad de tener personas interesadas en combatir la corrupción. Los tiempos son diferentes y para nadie es un secreto que el bienestar de las comunidades es también el nuestro. En una ciudad como Cartagena, con tantas desigualdades, las oportunidades de sobresalir como buenos políticos son grandes y proporcionales a los problemas de la mayoría de la población. Ante las buenas acciones y los deseos de contribuir con soluciones, ni los estigmas, ni el pasado, pueden frenar el ímpetu de forjar un mejor futuro.
Lo cierto es que cambiar la cara de la ciudad más allá del Corralito es una tarea tanto titánica como enriquecedora para cualquier político. Pero para eso están y deben saber que el trabajo es de tiempo completo y exclusivo. Al final, lo que queda es la satisfacción de cumplir, haberlo intentado y saber que a lo largo del tiempo, muchos personajes compartieron el mismo apellido, pero la historia los recuerda de manera diferente.

@joliverov

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