El gobierno de las multitudes

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Razón y deseo casi nunca van de la mano. Sin embargo, la razón no tiene esa pasión que el deseo sí, para imponerse. Es el deseo el que elige y el que exige, y en estos tiempos de empoderamiento popular, con gobiernos débiles, termina imponiéndose: gobierna. Es otra guerra en la que los manifestantes tienen el poder y la libertad de arremeter contra todo y con todo, porque a ellos no se les puede tocar sin provocar la algarabía internacional de los defensores de los DDHH. Y los gobiernos ceden, sin sospechar que la motivación suprema es política, que solo buscan desestabilizarlo.

No me refiero a las movilizaciones de estudiantes, profesores y maestros; trabajadores asociados (todos dependientes del Estado); ni a las de los transportadores e indígenas cuando la movilización tiene sus fundamentos. Si no a la manipulación política de esos conglomerados por movimientos de izquierda, y a la violencias que desatan. En otras palabras, no es el debate sano y constructivo que debería darse en democracias participativas, sino exigencias desde posiciones de fuerza que arrebatan lo que es imposible de otorgar, causando daño a la economía. Una economía que se fundamenta en la creación de estímulos y oportunidades, y que hace crecer al individuo; muy contraria a esa otra basada en el asistencialismo, que produce zánganos.

Eso, por un lado; por el otro, y desde mi perspectiva, estos países no tienen ninguna posibilidad de competir en mercados globales con tecnologías propias o manufacturas a gran escala: muy pocos países pueden hacerlo; el conocimiento tecnológico y las manufacturas se han estado desplazando hacia países de oriente como China, Japón, India y Corea del Sur, entre otros. El resto somos consumidores.

La competencia global en estos tiempos se está dando es en la creación de empleo, porque es la mejor forma de distribuir la riqueza y mantener la convivencia pacífica de los ciudadanos. Y en ese escenario se adoptan políticas de exención de impuestos a la renta, que se trasladan al consumo; se permite la devaluación de la moneda, que inclina la balanza de cambio a favor, y se abarata la mano de obra para actividades productoras de bienes y servicios exportables, entre otras, incluidas en la Ley de Financiamiento, que ha motivado el paro nacional del 21.

Satisfacer el deseo de las multitudes sin fundamento racional, puede llevar a complicaciones mayores en el largo plazo, con el agravante de que los beneficios otorgados van en una espiral ascendente, y nunca se pueden desmontar. Para crecer y generar empleo , se necesita modernizar y minimizar el Estado, y crear estímulos y oportunidades.

Adendum. Propuesta: elevar la edad para ejercer el derecho al voto a 30 años, y reducir a 16 el reconocimiento de la mayoría de edad.

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