Columna


El invierno...

CARMELO DUEÑAS CASTELL

29 de noviembre de 2023 12:00 AM

Shakespeare inicia su hermoso ‘Ricardo III’ obligando a su protagonista a rumiar su impresionante soliloquio con la famosa frase “ahora el invierno de nuestro descontento se vuelve verano con este sol de York”. En ese largo monólogo, Ricardo III compara la lujuriosa alegría festiva, que aparentemente imperaba en el reino, con su triste realidad producto de la deformidad física y mental que lo obligó a tejer las peores intrigas y bajezas que ser humano alguno pueda concebir. Según la obra, Ricardo III asesinó a su hermano, calumnió a su cuñada, encerró en la torre a su hermano y, siendo tutor legal de sus dos sobrinos, a la sazón los herederos del trono, después de encerrarlos en la torre, los asesinó para proclamarse rey de Inglaterra. La dicha le duraría menos de dos años. Los fantasmas de sus víctimas lo perseguirían y condenarían mientras Enrique VII lo derrotaba para dar fin a la guerra de las dos rosas e iniciar la dinastía Tudor.

Solo hace unos 10 años se descubrió el cadáver de Ricardo III y se demostró que no era el deforme jorobado que describe Shakespeare. Muy seguramente tuvo grandes ambiciones, pero no parece que haya cometido todos los crímenes que le endilga Shakespeare. No queda claro por qué Shakespeare, como cualquier red social, generó tantas “noticias falsas”. Algunos dicen que solo fueron licencias literarias mientras sus detractores afirman que, como la historia la escriben los vencedores, lo hizo para congraciarse con Isabel I, nieta de Enrique VII.

Tres siglos después, Steinbeck tituló uno de sus libros con la famosa frase “el invierno de nuestro descontento”. En ella el protagonista es empleado y propietario de la tienda familiar. El negocio había entrado en esa inexorable barrena que precede a la bancarrota. Una suma de eventos desafortunados diluyó escrúpulos y principios en la sepultura de su integridad moral. Surgieron torcidos pensamientos ante opciones indecentes que otrora ni siquiera hubiera imaginado. Así, en pocos días se vio enfrentado a grandes tentaciones en busca del sueño americano: soborno, infidelidad, codicia, traición, plagio, suicidio. La cruda narración de Steinbeck es una parábola que denuncia la bancarrota moral de la sociedad norteamericana de la post guerra.

Yo hubiera querido que Steinbeck y Shakespeare estuvieran vivos y por estos lares dentro de dos largos años. Para entonces se espera que hayan concluido el niño, la niña y todos los eventos desafortunados vaticinados por agoreros cual Ricardo III. Así describirían en detalle el ocaso final del invierno de nuestro descontento. Entretanto, en La Fantástica, solo resta esperar enero con optimismo y que el descontento se vuelva verano con este sol...

*Profesor Universidad de Cartagena.

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