El médico a palos

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Érase una vez un leñador, que aprendió latín y algunas nociones de medicina al trabajar durante varios años con un famoso médico. Un mal día, su esposa lo insultó tanto que el leñador se ofuscó y, abusivamente, la golpeó.

De inmediato se arrepintió y pidió disculpas que la esposa aceptó, de labios para afuera, mientras en su interior planeaba una pronta venganza. Martina, así se llamaba la esposa maltratada, encontró muy pronto la ocasión para la represalia: dos sirvientes buscaban desesperadamente alguien que curase a la hija de su amo.

Martina les engañó diciendo que su esposo era un famoso galeno, con tan grandes poderes que hasta había revivido varios muertos, pero tenía un gran problema, renegaba de su profesión y solo recordaba quien era luego de una fuerte golpiza. Los sirvientes partieron raudos en búsqueda del raro doctor. Lo encontraron cortando leña y le explicaron la urgente necesidad de sus servicios, a lo cual el leñador insistió tercamente que no era médico.

Los sirvientes, recordando las palabras de Martina, lo apalearon hasta que el pobre reconoció que era médico y aceptó acompañarlos a ver a la paciente. El padre, preocupado, exigía una rápida cura ya que la enferma estaba a punto de casarse y el novio rico, Horacio, solo esperaba su recuperación. El supuesto médico, con actitud displicente, y aparentando conocimiento, recetó pan y vino. La novia había urdido el plan de hacerse la muda para evitar el matrimonio al que la obligaban y quedarse con su verdadero amor, el pobre Leandro.

Leandro, disfrazado de boticario, sonsacó al supuesto médico con dinero para que lo ayudara a curar a la falsa enferma y con ello convencer al padre que los dejara casarse. El padre, pensando más en el bolsillo que en el romance, exigió el matrimonio con el potentado Horacio.

Los enamorados huyeron y el furioso padre mandó a ahorcar al falso médico. Afortunadamente los fugados regresaron afirmando que Leandro había heredado una fortuna, con lo cual el padre lo aceptó como yerno y el medico impostor se salvó. Lo anterior es un burdo resumen del hermoso sainete ‘El médico a Palos’, de Moliere. Una de las tantas obras en que Moliere se burla de la pacata y oscurantista sociedad del siglo XVII.

Un día como hoy, hace casi 400 años, nació Moliere. Mucho ha cambiado la vida desde cuando el leñador de Moliere se declaraba médico luego de unos palos. Cuan diferente a lo que ocurre por estas calendas en que los galenos son tratados a palos en zonas de conflicto y barrios de nuestras ciudades, por el único pecado de ser médicos. Agresiones verbales, físicas y de todo tipo son pan de cada día en una realidad que, de contera, deja a médico y paciente como víctimas colaterales de un sistema con demasiados intermediarios. Pero ya lo decía Platón: “Donde quiera que se ama el arte de la medicina, se ama también a la humanidad”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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