El Miramar de Getsemaní

24 de noviembre de 2012 12:00 AM

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Miramar de Getsemaní no existe pero podría existir. Y tiene su lugar: el parqueadero del Centro de Convenciones. El barrio y sus ciudadanos lo merecen: esta es la última comunidad cultural en el Centro Histórico de Cartagena de Indias.
Sorprende e irrita que los urbanistas no hayan planteado la necesidad de exigir más espacio público, más arborización y más parques. El déficit es grande. Alguna vez lo dije: Cartagena es una ciudad que padece el implacable sol del trópico sin concebir el alivio de la sombra.
El modelo de crecimiento urbanístico que se ha impuesto piensa primero en el terreno donde se podría construir y hacer un buen negocio que en el espacio público donde los ciudadanos de toda condición y clase social podrían relacionarse y mejorar su calidad de vida.
Se ha hablado del proyecto de una marina en el lugar que ocupa el parqueadero del Centro de Convenciones. Si se materializa esta idea, Getsemaní quedaría paisajísticamente convertido en un enclave sin acceso al mar, con una línea divisoria en la Calle Larga y una bolsa de seguridad para yates y embarcaciones a todo lo largo del Arsenal. 
La nueva población invadiría aquel sector y aceleraría el mercado de edificaciones y predios, elevando los precios a las alturas del mercado inmobiliario actual. Getsemaní sería entonces una prolongación del centro amurallado y, por lo mismo, un atractivo escenario de negocios nacionales e internacionales.
El Miramar de Getsemaní es por ahora una hermosa idea que debería ser recogida por los habitantes del sector. Si reclamamos la necesidad de un parque que permita respirar a una población que corre el riesgo de vivir encerrada en las nuevas dinámicas del “progreso”, podríamos ganarle una pequeña pelea al modelo de ciudad que nos venden constructores e inversionistas.
A esta idea debería sumarse el Concejo Distrital. O aquellos concejales que sientan que esta parte de la ciudad requiere espacios públicos de encuentro y recreación y no zonas cerradas y exclusivas destinadas al gran negocio turístico o a lo que ya se insinúa: otro enclave de la prostitución.
Si miramos el mapa de Getsemaní, vemos el paulatino encerramiento del sector en líneas fronterizas de arterias viales, negocios hoteleros y establecimientos de diversión. Allí está el Parque del Centenario, por supuesto, pero si se mira bien, éste no es suficiente en un sector que alberga una población flotante de nativos y turistas
En Getsemaní hay vida de barrio en el corazón cultural de la Plaza de la Trinidad. Si se permite el avance arrollador de la locomotora inmobiliaria y hotelera, sus habitantes sufrirían otra  expropiación histórica y cultural. Se verían entonces obligados a emigrar.
Sé que hay líderes y organizaciones ciudadanas que se oponen al disparate de una marina. Deben seguir haciéndolo y comprometer al gobierno distrital (cuando lo haya). De no hacerlo, el día menos pensado, el Ministerio de Comercio Exterior o Proexport nos sorprenderán con un proyecto “concertado” con miembros de “la comunidad”.

*Escritor

collazos_oscar@yahoo.es

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