Columna


El motor económico

JESÚS OLIVERO

JESÚS OLIVERO

01 de junio de 2018 12:00 AM

En los afanes cotidianos necesitaba enmarcar un póster, y luego de averiguar el sitio más cercano, los vecinos señalaron la Marquetería Arte JJ, en la avenida del Consulado. ¿Señor, podría por favor ayudarme con este trabajo que requiero con urgencia? Claro que sí, respondió. ¿Para cuándo lo necesita? Para ahora, le dije. ¡No hay problema!, recalcó el pequeño empresario. El trabajo fue al instante e impecable.

Como Don Édgar, existen miles de cartageneros que con su esfuerzo construyen ciudad, comunidad y futuro a través del empleo. Su trabajo quizá pasa desapercibido desde la concepción macrocomercial, pero estas empresas no solo cuentan, sino que en realidad, en conjunto son las más importantes en la economía de la ciudad y requieren más atención, visibilidad y apoyo, desde lo institucional.

En la prensa hablada y escrita, con alguna rareza esperaríamos encontrar una petición de estos empresarios al Gobierno. No obstante, y como ejemplo, es frecuente el registro de solicitudes de megaempresas para extender el período de sus licencias de zonas francas, con dividendos para los accionistas, que en algunos casos pueden ser más de diez millones de dólares anuales, representados en tarifas reducidas de impuestos, gabelas en IVA y aranceles varios. Este dinero deja de utilizarse para invertir en la ciudad, y aunque el pretexto es generar empleo, no hay concordancia mínima entre los regalos tributarios y lo que mejora el Distrito sus índices de empleo.

Pero bueno, eso no cambiará por ahora. La inequidad aquí no tiene freno y pareciera impensable modificar el orden social de la ley del embudo.  Por ahora, diversas entidades, con el liderazgo de la Cámara de Comercio, podrían articularse para salvaguardar y fortalecer el tesoro de nuestras microempresas, el verdadero motor económico que mantiene viva a la ciudad. Darles capacitación y asesoría para imprimir mayor calidad y valor agregado a los productos y procesos, formar redes de microempresarios y crear líneas de crédito con los impuestos dejados de pagar por los grandes grupos, rompería las piernas del creciente monstruo de la desigualdad que nos acosa.    

Sería formidable que los ciudadanos contáramos con una aplicación para encontrar pequeños negocios en los barrios, desde una marquetería hasta quien arregle un zapato, y allí mismo tener acceso a aquellos que podrían trabajar 24 horas, o los domingos y festivos. Hace poco recibí una enorme alegría al poder contar con una notaría abierta a las 7:00 am, la Tercera. Eso es un excelente síntoma de construcción de ciudad. Dinamizar la economía y dar oportunidades es simple y algunas veces solo requiere pequeñas iniciativas.