El músculo financiero

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No sé por qué esta funesta frase me recuerda todo lo hecho en la administración del doctor Dionisio Vélez Trujillo, cuando usándola como caballito de batalla, se entregó toda la contratación del Distrito a empresas con esa condición: tener músculo financiero. Así se empaquetaron veinte y más obras en un solo contrato, donde solo participaban, máximo, tres empresas, cuando pudieron abrirse procesos transparentes que le dieran trabajo a otras tantas medianas y pequeñas empresas de ingeniería locales, sin tanto músculo financiero, pero sí mucha experiencia y buen nombre. Ya sabemos en qué terminó todo: vinieron empresas foráneas, se le entregó un contrato a una empresa cuyo representante legal estaba sancionado por el COPNIA; todavía hay obras sin entregar, de mala calidad y otras linduras.

Hoy la señora alcaldesa la revive con el mismo argumento: “queremos que haya unos contratistas que tengan músculo financiero y que demuestren a los ciudadanos que sí es posible hacer las obras en Cartagena, con calidad y sin trampas”. “Los mecanismos de transparencia son tres: pliego tipo, cero anticipo y carta de cupo crédito. “Cartagena requiere mecanismos claros de transparencia para garantizar la contratación y feliz término de la obras a contratar, generando una sana competencia entre las empresas que participen”.

Yo pregunto: ¿Qué tan sanas pueden ser las competencias si lo único que tienen de favorable son los pliegos tipo? Y habrá que ver de qué tipo. Cero anticipo y carta de cupo crédito son excluyentes. Antes de que se inventaran este cuento del músculo financiero, ¿quiénes hacían las obras en Cartagena? Empresas locales, grandes, medianas y pequeñas, que anteponían la ética y las buenas prácticas ingenieriles.

Por este camino vamos al inevitable cierre de las facultades de Ingeniería Civil en la ciudad y de paso desaparecer la Secretaría de Infraestructura, pues toda la contratación se le entrega a EDURBE. Hoy los profesionales egresados de estas facultades son contratados con salarios de maestros de obra, por las empresas del músculo financiero, que se llevan el grueso de las utilidades.

Durante mis cuatro años como presidente de la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos de Bolívar, abogamos porque se nombrara un Ingeniero Civil en la Secretaría de Infraestructura, pues hubo un ingeniero Químico, uno Electricista, uno Industrial y un Administrador de Empresas. Hoy tenemos una colega allí cuyas ejecutorias en favor de los contratistas menores de la ciudad, sin músculo financiero, desconocemos. ¿No sería pertinente regresar a las convocatorias de hasta ochenta participantes, con concursos a la vista de todos, previa inscripción y clasificación?

Alfredo Pineda Corena
alfredopineda1@yahoo.com
 

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