El Ñametón y la seguridad alimentaria

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Según la FAO, hay seguridad alimentaria cuando las personas siempre tienen acceso a alimentos nutritivos, inocuos y suficientes para llevar una vida activa y sana. Esta definición implica que hay varias cadenas de valor donde aparece el trabajo de nuestros campesinos, como generadores de bienestar para la sociedad.

El Ñametón, como ejercicio, nos recordó que estas familias existen y tienen múltiples dificultades por el abandono estatal, por políticas agrarias multilaterales a favor del monocultivo intensivo con uso de plaguicidas, y en general por desconocer lo imprescindible del campesinado para nuestra existencia.  

Algunas realidades quizá manejadas por las autoridades es que gran parte de los alimentos consumidos en Cartagena, más costosos, vienen del centro del país y de distintas regiones del mundo, con una alta huella de carbono, cuando nuestra verdadera despensa, los Montes de María, casi desapareció como tal ante el avance de la palma, el desplazamiento forzado de muchas familias, hoy en los cinturones de miseria de la ciudad, y la falta de oportunidades de los campesinos que se quedaron allí.

Enhorabuena por la iniciativa del gobernador, el Ñametón, que apaciguó la crítica situación de los cultivadores de ñame y solventó la emergencia. Pero más allá de los muchos titulares por dicha acción, fue evidente la fragilidad y el lugar paupérrimo de la agricultura local. El Ñametón mostró que jugamos con nuestra seguridad alimentaria al no proteger a los agricultores de pancoger, lo cual obliga a importar alimentos con pesticidas cancerígenos y de connotada capacidad de disrupción endocrina, eleva el costo de la canasta familiar, y al final, crece la pobreza en la ciudad.

No tenemos estrategias para aumentar el valor agregado del mango, aguacate y ñame, entre muchos otros productos que pueden ser procesados, por ejemplo obteniendo materia prima para la industria cosmética y farmacéutica, para beneficio de las familias agricultoras y la economía regional.

Sería excelente proveer una ‘Canasta Montemariana’, puerta a puerta, a muchas familias de la ciudad: ñame, yuca, plátano, frutas, queso, huevos y gallina criolla, todos sin plaguicidas.

El impacto sobre la salud sería inmenso por la garantía de inocuidad de los alimentos, la menor migración hacia la pobreza y la generación de negocios rentables con bajo impacto ambiental. El Ñametón, más allá de su magnífica labor, podría ser la punta de lanza para repensar nuestro campo, la necesidad de apoyarlo y protegerlo como patrimonio y eje de eso llamado desarrollo sostenible.

 

 


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@joliverov

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