El odio de la izquierda

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Mientras se predica perdón y olvido, y se hace todo tipo de teatro en TV para que parezca cierto que las víctimas lo están otorgando a sus victimarios, resulta que estos no ocultan el odio hacia aquellos que, en defensa propia, dentro o fuera de la ley, les persiguieron. En la izquierda se respira odio (manifiesto o solapado), hasta el punto de que la JEP se ve no solo como el lugar donde obtener impunidad, también donde juzgar y encarcelar a quienes le combatieron.

Recordemos que el expresidente Santos prometió que los acuerdos serían refrendados por el voto popular, y que luego cambió de referéndum a plebiscito buscando una mecánica que le favoreciera: es decir, no buscaba “conocer la opinión del pueblo”, sino hacerla coincidir con la suya. Aun así, con toda la manipulación de que fue capaz, y contra todos los pronósticos y encuestas (compradas y amañadas) Ganó el NO. Nadie lo podía creer: fue un David contra Goliat.

La fuerza de ese NO se vio agigantada por el poder que logró derrotar, y porqué pareció un salto al vacío frente a la tenebrosa certidumbre. Tanto así, que el ex tuvo temor de perder (después del maquillaje) un segundo plebiscito, y cambió el escenario de refrendación popular por el del parlamento, ganándose previamente el apoyo de la Corte Constitucional, que sin ningún recato ignoró el acto legislativo conocido como Fast Track, que condicionaba su entrada en vigor, a la aprobación del plebiscito.

Burlada la voluntad popular, y las mismas instituciones frente al poder de las Farc y sus apoyos foráneos, los comicios presidenciales brindaron una nueva oportunidad de expresión popular, y los del NO volvieron a ganar con Iván Duque y su propuesta de modificar el acuerdo: la votación superó la que se había logrado en el plebiscito.

Como la única manera de hacer sostenible una trampa es con más trampa, y en eso quienes se han movido en la selva son expertos (no me digan que no), ahí tenemos la JEP acantonada y gastando del erario, sin siquiera tener un estatuto: es como crear una sociedad empresarial sin tener el suyo. Y cuando por fin sale uno que el presidente en cumplimiento de su compromiso electoral y lleno de razones objeta, brinca la liebre. Lo más inaudito fue lo que dijo Sergio Jaramillo, comisionado de Paz de Santos, presente en la negociación de La Habana, entrevistado por Caracol: desatinado, ilógico, incoherente, mal aleccionado, dijo, entre muchas otras sandeces, que “en campaña se puede prometer cualquier cosa”, como queriéndole quitar fuerza a Iván Duque por hacer aquello que prometió, y por lo que fue elegido.

Cuatro puntos: 1. El acuerdo debía ser sometido nuevamente a plebiscito, no se puede cambiar el juez a conveniencia; 2. El que la Corte declare exequible una ley, no quita que el presidente pueda objetarla; 3. Humanamente es inconcebible nada que no pueda ser modificado, y 4. Duque está haciendo lo que prometió, y que el elector apoyó mayoritariamente.

*Ing. Electrónico, MBA.

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