Columna


El país de los colados

EDUARDO DURÁN GÓMEZ

14 de mayo de 2022 12:00 AM

Las informaciones que nos dan cuenta de que el sistema de subsidios para Familias en Acción e Ingreso Solidario está lleno de colados, es decir, de personas que no reúnen los requisitos para estar allí, pero cobran y se benefician de un ingreso que está destinado a los más débiles, nos deja aterrados, aunque no nos sorprende, pues si miramos que en este sector han sido detectados 444.000 personas inescrupulosas, habrá que ver en otros frentes en donde seguramente encontraremos sorpresas mayores.

En Colombia estamos acostumbrados a contemplar colados en las listas de desplazados, de perseguidos políticos, del Sisbén, los fondos de pensiones, de auxilios alimentarios, los servicios públicos como agua, electricidad y gas; y ni hablar de los colados del transporte público, de los espectáculos, de los programas de becas y de lo que se quiera mencionar. Precisamente en estos días se habla de los colados en las listas para el Congreso y también de los 8.000 colombianos que se han colado por el denominado Hueco para ingresar a Estados Unidos.

Pareciera un elemento “cultural” frente al cual no hacemos nada, pues esas audacias, que en la mayoría son claros delitos, con sanciones contempladas en el Código Penal, terminan narrándose como situaciones que se destacan y se vuelven meritorias por haberse podido burlar el reglamento, la norma o la ley. Es decir, la misma sociedad termina siendo cómplice y órgano de absolución.

Lo triste del caso es que el esfuerzo que está haciendo el presupuesto nacional por atender muchos frentes, termina en manos de quienes no lo merecen, o de simples defraudadores.

Se requieren dos frentes indisolubles: por un lado, los organismos gubernamentales que con resolución detecten los casos y apliquen justicia, y por otro lado un compromiso social, en donde esas conductas sean no solo mal vistas, sino repudiadas con determinación.

Las ciudades que tienen sistema de transporte público ofrecen ese deplorable espectáculo, todos los días y a los ojos de todo el mundo, pues las empresas encargadas de operar el sistema, no se dan cuenta de las nubes de colados a los buses urbanos, lo que hace que la ciudadanía entera se acostumbre a contemplar el hecho como un asunto cotidiano y propio del paisaje urbano.

El colado tiene que desaparecer de nuestro país, y ojalá no sea una tarea demasiado larga, pues si lo es, mucho daño continuará causando a Colombia y a los colombianos.

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