Columna


El paraíso perdido

CARMELO DUEÑAS CASTELL

20 de septiembre de 2023 12:00 AM

Un puente, una calle, un edificio, un pueblo. Un puente que sirve para acortar distancias y unir dos partes separadas por agua o defectos de tierra. Un puente viejo sumido en el riesgo implícito de una catástrofe y que muestra la ignominia del abandono y el desmedro que luego de muchos años se mantiene en peores condiciones, sin una solución clara y pronta que permita pensar en un mejor futuro.

Una calle céntrica, en el corazón de la ciudad, frente a escenarios perdidos de antiquísimos teatros. Todos destruidos por la excusa de la modernidad y al parecer reemplazados para construir una mole gigantesca llamada hotel. Una calle al frente del futuro hotel. “Son pocos metros”, dice el desprevenido taxista que, ofuscado por el trancón y la pérdida de tiempo, me lleva; y continua furibundo: “Salí de Cartagena a La Guajira hace más de tres meses, regresé y la calle sigue igual”. Una calle que sigue igual pero peor, sin solución a corto plazo, el tráfico caótico y la calle tan demorada que parecería empedrada en oro. Y la lapidaria conclusión del taxista que avergüenza mi cartagenero corazón por el fondo de verdad que acarrea: “Esto solo pasa en Cartagena”.

Un edificio, construido en contravía de las disposiciones del “Patrimonio Histórico de la Humanidad”. Un edificio construido frente a todos, autoridades nacionales y locales. Un edificio, una mole construida al parecer incumpliendo todas las reglamentaciones y, también, de espaldas a todo. Un edificio cuya destrucción se decidió hace mucho, persiste tercamente en pie mostrando la ineficiencia estatal y la paquidermia de ciudad. Un edificio, estatua de sal congelada en el tiempo, mudo alarido de la corrupción, inoperancia e ineptitud.

Un pueblo traicionado por todos que intenta subsistir al hambre, la miseria y la injusticia y que mira sin ver un puente, una calle, un edificio, una ciudad y un título rimbombante de “patrimonio histórico” que ni le va ni le viene mientras furioso espera soluciones desconociendo que en sus manos y en su voto está su futuro.

A casi un mes de las elecciones el presente es tan corto que debemos pensar que el quinto centenario de Cartagena, a celebrarse en diez años, se inicia el próximo 29 de octubre, cuando elegiremos el próximo alcalde y los concejales con quienes debemos construir un puente, una calle, un edificio, un pueblo y nuestro mejor futuro. Ya lo decía Proust “a veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas”. Igual le pasó a Milton, quien, sin conocer nuestros dirigentes, hace siglos, atinó a describirlos con la segunda parte de su famosa frase: “Puede hacer un cielo del infierno, o un infierno del cielo”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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