Columna


El Pm “2.5” mata

Recuperar la cubierta verde, sin PM 2.5, no solo garantiza nuestra salud, sino una temperatura más tolerable en tiempos de cambio climático.

JESÚS OLIVERO

JESÚS OLIVERO

14 de diciembre de 2018 12:00 AM

Cada día respiramos cerca de once mil litros de aire, y además de oxígeno, tiene muchos contaminantes. Uno de esos es el material particulado, un polvillo microscópico que podemos ver en contraluz cuando nos acercamos a una ventana o un proyector. El tamaño de estas partículas es variado, pero aquellas de diámetro menor a 2,5 micrómetros, conocidas como ‘PM 2.5’, son aproximadamente veinte veces más pequeñas que el espesor de un cabello humano. Por ser tan diminutas penetran profundamente en los pulmones y allí inician reacciones inflamatorias que afectan la salud.

De acuerdo con la Revista Environmental Health Perspectives, una de las más importantes del planeta en salud ambiental, cerca de 50 estudios muestran que exponerse a PM 2.5 se asocia a los aumentos en la tasa de mortalidad humana porque una vez en el organismo, estas partículas producen cambios en nuestros vasos sanguíneos, inflamación sistémica y anormalidades en el funcionamiento del corazón, entre otros problemas.

La contaminación del aire de Cartagena por PM 2.5 debería ser prioridad para el alcalde, Concejo Distrital y las autoridades de salud y ambientales. La ciudad tiene muchas fuentes de estos contaminantes y aunque cualquier combustión puede generarlos, algunos son de especial cuidado, por ejemplo, los buses y busetas viejas, las chivas turísticas, las tractomulas y los automotores que usan diesel, las motos, la llamarada de la incomodidad de Ecopetrol, las calles sin pavimentar, entre otras.

El Estudio Mundial de Carga de Enfermedad, realizado en 2015, considera la contaminación del aire como uno de los factores evitables para no tener muertes prematuras ni enfermedades respiratorias que dañan la salud. Algunas prioridades para mejorar el bienestar ciudadano son reemplazar los buses contaminantes; sembrar al menos un millón de árboles para capturar estas partículas; pavimentar las calles; mover los puertos para que las tractomulas no entren a la ciudad, afectando sobre todo a los habitantes de el Bosque, Arroz Barato y Manga; crear parques y corredores naturales, además de exigir a las constructoras no edificar al pie de las carreteras y siempre usar barreras verdes.

Es hora también de reclamar los cientos de miles de árboles que Serena del Mar y condominios similares, al igual que los destructores del manglar y los invasores de La Popa, desaparecieron en los últimos años. Recuperar la cubierta verde, sin PM 2.5, no solo garantiza nuestra salud, sino una temperatura más tolerable en tiempos de cambio climático.

*Profesor