Columna


El real varadero

MAURICIO IBÁÑEZ

06 de abril de 2021 12:00 AM

Se ha hablado mucho sobre la necesidad de proveerle a esta importante y hermosa bahía un segundo acceso para la entrada y salida de buques. El canal actual de Bocachica fue profundizado a fin de preparar nuestro comercio para el futuro, que ya es hoy. Pero ese canal es el único acceso. Hace algunos años un amigo me preguntó mi opinión sobre abrir un nuevo canal en Bocagrande y dije que sería una tragedia por la cantidad de sedimentación que podría penetrar en la bahía, además de los efectos en las playas de Tierrambomba y Castillogrande de la estela de esos enormes buques. Le dije, háganlo en Varadero. “Eso es inadmisible”, me contestó, por el tema de los corales y los pescadores. Poco tiempo después, por casualidad, tuve la oportunidad de ver desde el aire el enorme arenal submarino que cubre la distancia entre los islotes Draga y Abanico, formando el bajo de Varadero. Gracias a la transparencia de las aguas y de gafas polarizadas, pude constatar que allí había algunas manchas oscuras; si eran corales, concluí que morirían pronto porque por la escasa profundidad de la zona es fácil pensar que esa masa de agua se calentará muy rápido.

Los defensores del mar cuentan entre sus argumentos para oponerse al canal de Varadero el tema de los pescadores de la zona y el de los corales que allí habitan, incluso especies endémicas. No somos ajenos al hecho de que el número de peces, que llevan una relación simbiótica con los corales, en todas nuestras costas y zonas insulares se ha deteriorado a punta de la pesca descontrolada, y falta de control estatal. Los que somos buzos y amamos el mar, lo hemos observado. Además, nunca he visto el gran número de pescadores que argumentan sostener su vida exclusivamente en dicho bajo.

Con el accidente del Ever Given en el canal de Suez, se simula casi a la perfección lo que podría pasarnos de insistir en mantener un sola puerta de acceso a nuestra bahía, sumado al riesgo de que los dos fuertes coloniales que le sirven de umbral se pudieran venir a pique; tendríamos ahora sí un real varadero económico que afectaría a cientos de empleos y costaría cientos de millones de dólares que necesitamos para fines menos siniestros.

Quizás el punto de encuentro se pueda trabajar alrededor de la idea de que los interesados en el segundo canal, además de ceñirse a un trazado conciliado y estrictamente delimitado, aporten para un programa de mudanza de los pocos corales que quedan en el bajo, pero aún más importante, implementen, con la ayuda, supervisión e inmaculado control del gobierno, urgentes proyectos de educación en el sostenimiento de los recursos marinos e incluir en la explotación responsable a los restaurantes y hoteles de la comunidad. El recurso está esperando.

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