El San José visto de otro modo

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Considerando que la corrupción existe desde siempre, podemos estar seguros de que los tesoros detallados en la literatura, los tesoros del San José, fueron desembarcados en Portobelo, o nunca fueron embarcados, y su peso compensado con sacos de arena, manteniendo una línea de flotación conforme.

Se descarta la propuesta de un saqueo moderno, posible pero no probable. Hasta ahora sólo han llegado vehículos autónomos como el submarino robótico Remus 6000. La presión es increíble y la temperatura unos 4 grados Celsius. Mucho más agradable pasear por las planicies de Marte. No es algo que se pueda hacer a escondidas.

La flota salió de Portobelo a Cartagena a sabiendas de que los esperaba una emboscada, en vez de salir directo a España evadiendo así a los ingleses.

El San José no lo hundió el Expedition, del capitán Henry Long, y con el comodoro Charles Wager a bordo, liderando la acción y con órdenes explícitas de no hundirlo. No sufrió andanadas, solo disparos aislados a la arboladura, no al casco. La intención de Wager era abordarlo y no hundirlo. Lo que hundió al San José no fue un disparo enemigo, sino la explosión de su Santabárbara, pañol destinado al material explosivo y ubicado en lo más profundo del casco, debajo de la línea de flotación, poco más arriba de la sentina, totalmente blindado como es obvio entender. El argumento presentado por un testigo inglés de que no fue una explosión del Santabárbara lo que hundió el Galeón, sino la explosión de uno de sus propios cañones es, por decir lo menos, ridícula. Un cañón al explotar mataría a muchos, pero no haría daño de gravedad a la estructura.

Un año después, en junio 1709, la Junta de Guerra sospechosamente declaró lo siguiente: “...que no hubo, ni arranque de tablazón del combés, ni haber preso en el velamen, ni jarcia, por constar haber sido una leve exhalación y debiese presumir que semejante especie de fatalidad, tan momentánea, no lo causaron las descargas enemigas, sino el estrépito y tormento de la propia artillería del galeón.”

Es decir, el barco se hundió enterito por una leve exhalación y el ruido de los cañones.

La explosión a bordo fue de la Santabárbara. Del barco sólo quedaron añicos que al bajar a gran profundidad quedarían esparcidos por un área muy grande. No queda pecio como tal. Difícil que, con algunos disparos aislados dirigidos al velamen, la arboladura y las jarcias hicieran explotar el barco.

Debieron ser uno o dos los culpables. La mecha lenta es una tecnología que aún se usa. Tiene duración de 120 segundos por metro lineal. Con dos metros: 4 minutos, tenían tiempo para salir a cubierta y dirigirse a proa. Se borró la evidencia junto con la muerte de casi 600 inocentes. Sobrevivieron 11 quienes nunca fueron investigados.

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