Columna


El sesgo ideológico

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

27 de julio de 2021 12:00 AM

Es apenas natural y me atrevo a decir, necesario; el hecho de que los seres humanos tengan o se identifiquen con una ideología. Esta, de acuerdo con la RAE, es un conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político. Es más, ese es el sentido de una buena educación, adquirir desde la juventud buenos hábitos de lectura y gran capacidad de análisis, sensibilidad y criterio, los que representan insumos ineludibles para entender distintos fenómenos humanos y así poder, con firmeza, tomar partido.

Lo que resulta muy problemático es fundar los conceptos exclusivamente en sesgos ideológicos, estos tienen connotación negativa, representan una inclinación desproporcionada e injusta a favor o en contra de una persona, idea o fenómeno. Es decir, nuestro comportamiento puede y debe estar marcado por la ideología que nutre de esencia la personalidad, pero no sesgado al punto de engendrar la ceguera cognitiva que nos hace perder la objetividad y muchas veces nos vuelve inconsecuentes, excluyentes y selectivos.

A propósito del tema, me causó tanta sorpresa, aunque ya nada debería asombrarme, el linchamiento mediático del que fue víctima la ingeniera industrial y magíster en gobierno y políticas públicas, Jennifer Arias Falla; puntualmente por lo que guarda relación con su condición de exreina de belleza y haber posado en unas fotografías con vestido de baño y un arma en la mano que aparenta ser de juguete, lo que, en juicio de sus mordaces críticos, merecía una explicación ante su designación como presidenta de la Cámara de Representantes.

Considero posible que una dama con vida pública y dedicada a la política sea objeto de un escrutinio estricto. Tolero que por esa posición se ausculten sus raíces y vínculos familiares, aunque tengo claro que los pecados de sus parientes no le son transmisibles a ella. Pero no puedo aceptar, de ninguna manera, que sea blanco de ataques por la ropa que viste o por las fotos que se tomó o dejó de tomarse. Aquello es un grosero patrón de discriminación, un estereotipo perverso que ha lacerado la dignidad y libertad de la mujer por muchos siglos y que, en apariencia hoy se ha superado.

Es lamentable que este tipo de matoneos sean reprochados únicamente cuando la víctima transite por el mismo sendero ideológico, pero cuando no, se justifique la arremetida y en el mejor de los casos se asuma un silencio cómplice e hipócrita. Hasta allá nos ha llevado el sesgo ideológico, a olvidar que la empatía no obedece a tendencias políticas ni de ningún otro tipo. Por eso con acierto decía Aristóteles: “No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”. ¡Defiendes a todas las mujeres o estás en contra de ellas!

*Abogado.

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