Columna


El silencioso enemigo visible

LIDIA CORCIONE CRESCINI

18 de enero de 2022 12:00 AM

No puedo entender en qué momento Cartagena se abrió en dos sin un Moisés que nos salvara de las aguas.

Vivimos acechados por un silencioso enemigo que a pesar de ser un monstruo visible sin cabeza y que, además perdió su cola, ha succionado con su amorfia los deseos de muchas personas que se lanzan a sus brazos, para contribuir a la hediondez que supura de su cuello blanco, expeliendo el maléfico brebaje de alacranes con polvito de maranguango.

Ese adefesio mal llamado política, engendrando y pariendo clanes y sagas y que se sigue llevando a todo el mundo por delante, mantiene a la ciudad en un tira que jala permanente, dejándonos a los ciudadanos degustando pócimas con sabor a dulce de leche o almíbar que al calor de las promesas se esparce y diluye fácilmente por las alcantarillas haciendo que este pueblo, pobre pueblo, o pueblo pobre, con voz afónica deba ajustarse a los despropósitos de todas aquellas personas que en vez de luchar por el progreso y dizque éticamente nos representan, vemos sus nombres frecuentemente encabezando los titulares de las noticias con actos que espeluznan la piel zanjando la credibilidad y la confianza de la población.

Pero, quizá como siempre, la falta de pruebas, el vencimiento de términos o los abogados eruditos, una vez más logren en corto tiempo se cierre otro de los capítulos de la corrupción.

El problema de todas estas crónicas anunciadas es que nos hemos acostumbrado a ellas y nos limitamos a decir “eso se veía venir o tarde que temprano caerán”.

Como personas y ciudadanos, no solamente formamos parte del problema, sino que nos volvimos indiferentes ante la impotencia de tener acceso directo para la transformación del ser humano que cada vez está más ansioso y compulsivo, intolerante al máximo y seguimos en el juego de indios, vaqueros y ladrones del viejo oeste subyugados a carteles de propagandas políticas y “Se busca y se recompensa”. Posición cómoda de muchos que actúan detrás de bambalinas y ejercen el control mientras rueda la cinta y todos vislumbrados ante las luces y estruendos de una banda musical y todos asincrónicos y resignados quizá, hacemos el baile del indio esperando sin cautela, cuál será el próximo dardo al que tengamos que enfrentarnos.

Señor alcalde, tiene mucho por realizar de lo prometido, usted es quien puede darnos esa oportunidad de ver mejoras preponderantes a esta mayoría de ciudad que aún confía en William Dau.

Lo quiero de mi lado y usted se preguntará ¿cuál es ese lado? Le digo, nuestra ciudad, así de simple.

*Escritora.

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