Columna


El VAR en Cartagena

JAVIER RAMOS ZAMBRANO

18 de octubre de 2020 12:00 AM

La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés. Antonio Machado.

Decía el escritor francés, Jean de la Bruyere, que “una cualidad de la Justicia es hacerla pronto, y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia”. Pero qué difícil es encontrar la justicia rápidamente en estos tiempos, hasta en el fútbol vemos cómo se demora un árbitro para decidir, pese a tener ahora el VAR como gran ayuda. Es increíble todo el tiempo que pierde el juez central en el terreno de juego ante una jugada polémica: primero discute con los jugadores que obligan a revisar la jugada, luego debe esperar a que otros tres jueces observen en cámara lenta, quienes parecieran no tener ni voz ni voto, sino el poder de enredarlo por los auriculares. Entonces el árbitro corre a verificar con sus propios ojos lo que no alcanzó a ver en pleno partido y lo que sus colegas no pudieron concluir. Se estaciona frente a una cámara que le muestra lenta y varias veces la misma jugada desde todos los ángulos, mientras los jugadores, cuerpo técnico, y los aficionados en casa, esperan expectantes. Finalmente hace una señal enérgica de un cuadrado con sus dedos índices y confirma o enmienda un error. Pese a las múltiples repeticiones, muchos no quedan contentos con la sentencia. Esta demora, para algunos, significa un palo en la rueda para el espectáculo; otros prefieren el VAR con tal de que este deporte, que apunta a tantos intereses y pasiones, sea más justo. Como decía Francisco de Quevedo: “Donde hay poca justicia es un peligro tener razón”. Y si en un juego de apenas 90 minutos es complicado encontrar justicia, qué se deja para una ciudad como Cartagena, que por años ha sufrido la falta de un verdadero VAR. Un VAR tan contundente que actúe antes de que se venzan los términos. Uno que al escuchar horas de grabaciones entre concejales para elegir a una contralora, insista en encontrar la biblioteca que construyeron con tantos “libros” que se repartieron los honorables. Un VAR que nos muestre cómo fue que se despilfarró la plata para los centros de salud que se necesitan más que nunca, y que le haga zoom a los rostros de todos los que participaron en los actos de corrupción que nos tienen sumidos en la pobreza. Un VAR que sancione a los que permitieron que Transcaribe demorara tantos años para arrancar; a los que se hicieron los de la vista gorda para trasladar el Mercado de Bazurto, a los cabildantes que se negaron sin argumentos sólidos a un Plan Maestro de Educación. Son tantas las jugadas polémicas que se han dado para tan poco espacio, pero bueno, parece que esta temporada al VAR le pusieron las pilas y ya se suspende, como nunca, a funcionarios de la administración apenas en el primer tiempo. Habrá que esperar hasta el pitazo final para saber qué tan justo es el actual arbitraje.

*Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

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