El Voto en Blanco, gran elector

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Se acercan las elecciones y todos intentamos desde nuestra perspectiva ver cómo influenciamos a los demás hacia lo que pensamos que es lo correcto o quién es el correcto. La verdad es que en este momento, si tenemos en cuenta las encuestas, la suerte de Cartagena está echada. 14 son los candidatos que aspiran a llegar al Palacio de la Aduana con intenciones de voto que van desde el 28% al 0 %. Los que repuntan tienen el 28, 5% y 21,9%. Luego sigue el voto en Blanco con un 15%.

Respeto a las personas que piensan que abstenerse es la solución, pero difiero de ellos. No hacer nada, no cambia nada. Si va a ejercer su deber ciudadano de salir a votar, estudie los candidatos, sus propuestas, sus hojas de vida y vote por el que mejor le parezca.

Lo más triste del voto en blanco es que el nivel socioeconómico donde más personas están dispuestas a sufragar de esta manera son las de estratos 4 (42,1%) y 5 (31.6%).

No tiene sentido que las personas de mayor ingreso y mejor educación no estén dispuestas a interceder por quien será su alcalde. En contraste, solo el 13% del estrato 1 votará en Blanco. Este estrato ya tiene en la cabeza por quién saldrán a votar en octubre y serán ellos quienes escojan el alcalde.

Las encuestas para conocer las preferencias electorales que tienen los habitantes de Cartagena por la Alcaldía, más que mostrar quiénes serán los posibles ganadores de esta gran contienda electoral muestra que somos una ciudad con un estrato alto de gente que piensa que el “cambio” se genera solo; que habla mucho y hace poco, que se siente digna porque “vota” en Blanco y que al final, permite que los demás decidan por ellos.

No hay que ser tontos. Los candidatos inscritos son nuestras opciones y entre ellas debemos escoger por quién votar intentando elegir a quien pensemos que es superior (o menos malo, si eso lo hace sentir mejor). No hacerlo es abrirle al camino a quienes toman la decisión con base al hambre, a la oportunidad de un trabajo o a un billetico de 50 mil.

Votar en las elecciones es un derecho que ejercer y un deber que cumplir de modo responsable. Se trata de algo tan significativo como encomendar el buen gobierno de nuestra ciudad a legisladores y gobernantes que habrán de organizar y promover el bien común (el de todos).

Con nuestro voto, los ciudadanos contribuimos de manera decisiva a la consecución de objetivos importantes y el mejoramiento de nuestra calidad de vida. La ética de la responsabilidad no se ha de aplicar solo a los políticos, sino también a los ciudadanos. El voto cuenta. Y los que no votan, se abstienen, o peor aún, votan en blanco, también son responsables del resultado.

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