Columna


El Zika y la oportunidad de cambiar

JESÚS OLIVERO

26 de febrero de 2016 12:00 AM

El zika es una enfermedad viral transmitida por diversas especies de mosquito. El virus es un monstruo del cual sabemos poco. Madres que contrajeron el agente patógeno en el embarazo han tenido niños con microcefalia, (con cabeza de tamaño menor a la normal). Otras observaciones epidemiológicas asocian la exposición al virus con el síndrome de Guillain-Barré, pero aún falta evidencia científica para probar la causa-efecto. Mientras, la vacuna no aparece y la incertidumbre y el miedo nos cubren como una sombra que parecemos ignorar.

El zika puede afectar a cualquiera, pero el riesgo es mucho más alto en los que vivimos a baja altura en el trópico, los cartageneros por ejemplo. El zika merece alta prioridad por su capacidad de ser incontrolable, con nefastas consecuencias en todos los sectores, incluyendo al turismo. Un solo turista que regrese a Europa o Estados Unidos con zika nos puede aguar la fiesta mucho tiempo.

Pero el zika también puede darnos oportunidades. Sería ideal trabajar de corrido en desterrar el mal tratamiento que les damos a las basuras: arrojarlas a la calle o el caño. Una simple bolsa de plástico puede ser un criadero del mosquito transmisor del virus luego de una lluvia, o al regar el jardín. Las precipitaciones intensas y frecuentes de La Niña, evidenciarían nuestra marcada vulnerabilidad a esta epidemia; tanta, que a pesar de la sed y el hambre, añoraríamos un El Niño aún más fuerte, con todo y su arsenal de contaminantes emergentes en el agua potable.

El zika podría ser parte de la salvación del Hospital Universitario. Mucho pueden hacer nuestros gobernantes para presionar a los acreedores a pagar sus deudas. Estas personas podrían contraerlo, y ante la falta de camas en la ciudad, terminarían tirados en uno de esos pisos abandonados en donde reinan ratas y búhos. 

Es imperativo ayudarnos y estar informados. Una buena forma de disminuir la picadura de los mosquitos en los colegios sería prohibir las faldas, al menos por un tiempo, y exigir pantalones. En un aula u oficina, un solo mosquito podría infectar a todos. Allí su entrada puede frenarse con mallas en ventanas y puertas. 

El zika atacará con fuerza y sin consideración a los más vulnerables, en especial a los que duermen como sardinas en una colchoneta y a aquellos cuyos ingresos no les permiten un abanico para espantar los insectos. Es un problema típico de la miseria y es hora de ponerse serios, activar las alarmas y trabajar para mitigar sus efectos, en especial cerrando la brecha social en donde los mosquitos son los únicos que tienen el poder.

*Profesor

@joliverov