Elecciones municipales

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La descentralización política, económica y administrativa, y la elección popular de alcaldes, no ha resultado ser lo más adecuado para muchos municipios de Colombia, especialmente para los más alejados. El proceso se dio muy rápido, como la apertura de Cesar Gaviria; sin esperar a que se fortalecieran las instituciones, se forjaran dirigentes, se crearan los controles adecuados y se adquiriera cultura política ciudadana.

La consecuencia en muchos casos ha sido desastrosa: lo sucedido con los bonos de agua es la muestra más reciente de cómo se administran los dineros públicos en la periferia, circunstancias que el centralismo bogotano ha sabido utilizar para tomar en la práctica, el poder que la Ley les arrebató.

El ejercicio del poder y la autoridad requieren de una distancia mínima entre gobernante y gobernados, imposible de lograr en municipios pequeños en los que todos se conocen, y de formación profesional. Cartagena con un millón de habitantes y más de una mano de buenas universidades, no ha aprendido aun a autogobernarse; a idear y gestionar sus proyectos, para todo hay que recurrir a Bogotá. Ni tampoco a elegir, ni a aceptar y apoyar al elegido.

El control político, esa palabra que se inventaron en el Congreso para no hacer nada más que entorpecer y sacar provecho por dejar de hacerlo (qué fácil), hizo metástasis, y hoy se ve en todo el país. En el Corralito al que no meten preso, muere en el proceso, e invariablemente si logra sobrevivir perderá la tranquilidad en el millar de demandas que deberá afrontar al dejar el cargo. ¿Quién se postula así? ¡Nadie! No obstante, es tal el abandono de la ciudad, que lo que hay es candidatos.

Algunos venderán su postulación a cambio de burocracia, otros seguirán hasta el final, y otros se unirán con altruismo al que mejor lo represente; pero además está claro que a diferencia de las presidenciales, en las que se juega, desde Petro para acá el modelo de desarrollo, en Cartagena la dinámica (polarización) es otra: un gobierno de extracción popular no será aceptado por los más pudientes y viceversa, un gobierno de los más pudientes se gana el rechazo popular, difícilmente podrá llegar por la vía electoral.

Sin embargo, son dos escenarios diferentes: el municipal es más administrativo, los partidos políticos no funcionan como fuerza electoral; el candidato se gana los votos. Y muchos de los recursos que gira la capital tienen destinación específica (saneamiento básico, salud, educación, programas sociales), no son discrecionales del alcalde, de manera que esa lucha de clases es infundada.

Cartagena tiene que escoger el mejor, no por carisma ni estatus social, si no por sus atributos personales: independencia, carácter para no dejarse doblegar, experiencia, personalidad emprendedora y liderazgo para ser capaz de mover la burocracia.

*Ing. Electrónico, MBA.

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