Columna


Ellos y nosotros

CARMELO DUEÑAS CASTELL

21 de febrero de 2024 12:00 AM

Hace más de 50 años Pink Floyd lanzó esta hermosa canción (’Us and Then’) con una suave música y una cruda letra en que aludían: “A Ellos, los de arriba, los privilegiados, los que mandan, gobiernan y ponen las balas; y a Nosotros, los demás, los que ponen los muertos”. La canción cuestiona la inveterada tendencia de la humanidad a dividir entre unos y otros para relegar, maltratar, segregar y matar. Un buen ejemplo es Rusia y Ucrania. Lo dijo Putin recientemente en una extensa entrevista plagada de una visión acomodada de la historia: la Rusia de Kiev nació hace más de 1.200 años; sin embargo, una historia que debió convertirlos en Nosotros los dejó más divididos en una guerra que, tras dos años, no parece acabar.

Otro ejemplo es Palestina, una sola tierra prometida a todos, a Ellos y a Nosotros, judíos y árabes por Yahvé y Alá. Los judíos fueron expulsados y padecieron lo inimaginable por milenios en una eterna diáspora. Un periodista, Theodoro Herzl, generó la doctrina política del sionismo para crear un estado judío en Palestina. El nombre nació de Sion, la colina del templo en Jerusalén. El colofón del suplicio fue el macabro Holocausto tras el cual el sionismo logró su objetivo cuando un mundo avergonzado y compungido en 1947, representado por las Naciones Unidas, aprobó un plan de partición de Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío. Esto fue rechazado por los primeros y aceptado por los segundos. Desde entonces ha habido batallas y conflictos, iniciados por árabes y aprovechados por los judíos para ampliar sus fronteras en desmedro de los palestinos que quedaron desplazados y oprimidos en su propia tierra. Luego de más de 70 años, dos pueblos con más razones para convertirse en Nosotros, dejaron que Ellos y la tierra los separara para siempre. El execrable terrorismo de un grupo palestino fue respondido por el genocidio estatal de más de 30.000 muertos en cuatro meses, que el Vaticano calificó de carnicería y que los convertirán a todos en un Nosotros de odio, terror, angustia y venganza.

El monopolio del dolor no es de Palestina y Rusia. Hay guerras fratricidas en Myanmar, Siria, Nagorno-Karabaj, Sudán, Sahél-Níger, Haití, Colombia... que reducen el concepto de humanidad a Ellos que se matan y a Nosotros que por omisión lo consentimos desconociendo que el mundo se ha vuelto tan pequeño que en vez de seguir conjugando los Ellos y Nosotros deberíamos recordar el poema de Martin Niemöller, ‘Primero vinieron...’, que cuestiona nuestra eterna pasividad ante la segregación de otros (comunistas, sindicalistas, judíos, etc.) y que culmina con la inquisitiva frase: “Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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