Columna


El futuro del empleo en la “sociedad del cansancio”

YEZID CARRILLO DE LA ROSA

24 de enero de 2021 12:00 AM

Hay dos metáforas que expresan el panorama laboral actual. Una es “sociedad del cansancio” (Biung-Chul Han), que describe la situación de “autoexplotación” (yo soy mi jefe y auditor) por emprendimiento y rendimiento ilimitado que sufre el trabajador, cuyas tareas nunca acaban y cuyo tiempo se disuelve en un presente infinito, que produce individuos agotados, frustrados y depresivos. La otra es “modernidad líquida” (Bauman), que refleja los tiempos actuales de incertidumbre, inestabilidad y sin forma permanente, que impiden tener certeza o planificar el futuro; tal es el caso de los empleos, que con el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) –que produce máquinas que pueden aprender (Machine learning) mejor que los humanos-, en un futuro se verán afectados dramáticamente, porque estos algoritmos podrán realizar diagnósticos médicos, elaborar alegatos legales o analizar el mercado de valores; con la particularidad, que mientras nosotros requerimos años para aprender una profesión, un ordenador sólo necesita horas. En el 2017, el programa de Google Alpha Zero aplastó en un match de ajedrez al programa Stockfish, campeón en el 2016, con sólo cuatro horas de “aprendizaje automatizado”.

A diferencia del pasado (revolución industrial), esta vez las máquinas superan a los humanos no sólo en capacidades físicas, sino cognitivas y, habría que agregar, en habilidades no humanas, como son la conectividad -que permite integrar a las IA en una red flexible –como los taxis robotizados en Shenzhen (China)- y la actualización infinita de la información. Es posible que por cada empleo perdido se creen otros -el “dron predador” requiere treinta operarios-; sin embargo, estas nuevas labores demandan una alta cualificación, pero, además, serán objeto de una automatización futura, lo que exigirá cambiar de profesión y educarse nuevamente.

Desafortunadamente, las tecnologías sociales no evolucionan tan rápidamente como las científicas. Quizás por eso nuestros relatos alternativos sobre el porvenir, siguen anclados en una retórica honesta, pero ingenua, parroquial y poco creativa: neoconservadores anclados en sus feudos intelectuales y sus sesgos ideológicos; multiculturalistas luchando por la “identidad cultural” en un mundo “hiperculturalizado”; neomarxistas prometiendo a los jóvenes una revolución contra un sistema capitalista que ya no te explota (Marx), sino te “auto-explota” y para el cual serás, en pocos años, simplemente irrelevante (Harari); neofeministas obsesionadas por el lenguaje igualitario o que, falazmente, asocian patriarcado a capitalismo, como si las mujeres no fueran consumidoras compulsivas del capitalismo cultural o el manifiesto comunista hubiese sido escrito para las “proletarias”.

Necesitamos una estrategia visionaria que propicie una política pública de desarrollo humano, científico, tecnológico y educativo de nuestro país, lo que requiere de liderazgos audaces, desprevenidos y pragmáticos, que sean capaces de abandonar sus certezas mentales, sus narrativas ideológicas y propiciar un consenso postliberal-marxista-progresista-conservadurista, incluyente, pluralista y, especialmente, realista.

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