En los zapatos de estudiantes

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Eugenia, Pablo, Analía, Felipe, Gina y Alberto son seis** estudiantes de educación superior a quienes les tocó continuar su semestre académico desde casa debido a las medidas tomadas por el Gobierno para enfrentar el coronavirus.

Eugenia debió regresar a su pueblo, donde constantemente se interrumpe el servicio de energía eléctrica y el internet es inestable. Ella siente frustración cuando le resulta imposible conectarse a sus clases regulares. Esto evidencia la necesidad de garantizar la calidad del acceso a internet en zonas rurales.

Pablo vive en Cartagena, pero debe compartir un solo computador con sus dos hermanos, quienes también estudian y además con su madre que teletrabaja, esto ha causado problemas en la convivencia familiar. A Analía le tocó trabajar pues la pandemia exacerbó las necesidades en su hogar; no asiste a las clases remotas, pero se conecta en las noches para escuchar las grabaciones y seguir estudiando.

Felipe vive con dos hermanas pequeñas, su madre y su abuela; cuando se conecta a clases, aunque debe aislarse, las actividades de sus familiares a su alrededor lo distraen. Gina, por su parte, es hija única. Sus padres trabajan durante el día quedando sola en casa la mayor parte del tiempo; su única compañía ocurre al conectarse a las sesiones de clase en las que puede interactuar con otras personas.

Y Alberto, aunque tiene el privilegio de disponer de computador propio, no se acomoda, pues tiene clases frecuentemente y a veces puede pasar conectado desde muy temprano hasta muy tarde. Ha visto que sus tareas y trabajos se han multiplicado, y afirma que duerme máximo cuatro horas diarias.

Muchos estudiantes callan, pero hay algunos que sufren ansiedad, tristeza, depresión y frustración. Estas historias son verídicas. Reflejan algunas de las situaciones que se viven desde casa, producto de esta coyuntura que ha cambiado la vida de los estudiantes, quienes intentan adaptarse con optimismo al encerramiento forzado.

Un mensaje de esta reflexión es la necesidad de atender un grupo de personas que está siendo vulnerable ante esta crisis, y que se desconoce; así como entender las dificultades desde la posición de los demás, urge ser más empáticos. Por eso es importante que, desde los colegios y las instituciones de educación superior, se diseñen y ejecuten programas de acompañamiento para la salud mental y de apoyo al aprendizaje de los estudiantes.

Eso implica la participación tanto de profesores, como de padres de familia, psicólogos y administración pública; debe ser un esfuerzo coordinado y articulado. Dado que se tendrá una “nueva normalidad” la educación es corresponsabilidad de todos.

**Los nombres de los estudiantes fueron cambiados.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB o a sus directivos.

*Profesora, Escuela de Negocios UTB.

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