Columna


En otras palabras

Kiara Campo Landines

05 de agosto de 2022 12:00 AM

Es cierto que en las palabras hay belleza e ilustración, pero también puede haber oscuridad. Con ellas se distorsionan pensamientos, se crean realidades y se puede mantener a todo un pueblo en entera y eterna ignorancia.

Seleccionar las palabras con las que transmitimos un mensaje puede ser un acto deliberado o inconsciente. Habladas o escritas, las palabras no solo nos permiten expresar pensamientos y sentimientos propios, sino también reproducirlos intencionalmente en los demás. Bien decía el escritor Philip Dick que “la herramienta básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si puedes controlar [su] significado, puedes controlar a la gente que debe usar[las]”.

La adopción manipulativa del leguaje parte del aprendizaje de su poderoso efecto en nosotros como sujetos sociales. Dada la conexión de las palabras con el pensamiento y la razón humana, una persona puede verse seriamente afectada psicológicamente cuando alguien la llama “gorda”, “gordo” o “inútil”.

El uso de las palabras como herramienta de sometimiento también está presente en los relatos de la cultura Muisca. Cuentan sus descendientes que, con la intención de causarles vergüenza, en el siglo XV los colonizadores resignificaron algunas palabras de origen indígena. En un intento de oprimir el pensamiento, la palabra “cucha” pasó de significar “mujer más hermosa que el color del arcoíris” a “vieja”; y “guache”, que se refería a un “hombre responsable por su hogar y líder en la comunidad”, denota a un hombre tosco y de brusco proceder.

A los indígenas les asaltaron su oro y su lengua; y, aún hoy, continúan siendo violentados cuando aparecen frases discriminatorias e ignorantes, como “Ciudadanos e indígenas se enfrentaron”, en los titulares de noticias nacionales.

Nos acostumbramos a ser víctimas y victimarios del juego de palabras, de sus distorsiones y decodificaciones, de los eufemismos y del “pago de peajes” al pasar de una disciplina a otra. Hemos subestimado el poder de las palabras en el pensamiento.

Ya sea por dominación o por ignorancia, el uso deliberado o inconsciente de las palabras nos aísla de la comprensión de la complejidad del mundo y de las personas, crea ciudadanos cínicos y profundiza las brechas en el conocimiento. Además de las barreras cognitivas que produce el mal uso del lenguaje, también se crean barreras psicológicas que generan desesperanza y la autopercepción de incapacidad para aprender o usar el conocimiento.

Lo más grave es que no faltan quienes sacan provecho de toda esta situación.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesora del Programa de Psicología, UTB.

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